El desierto del Hueco Mundo se estremecía con el rugido de decenas de Gillians avanzando como un ejército ciego. El aire pesado vibraba con sus pisadas, y la arena temblaba bajo cada movimiento.
El grupo de avanzada —con Abyss, La Maga, el Capitán del 11º escuadrón, Nell y Grimmjow— se preparaba para recibirlos.
Pero antes de que pudieran reaccionar, a lo lejos comenzaron a escucharse tres rugidos familiares.
—¡Aúlla, Zabimaru! —retumbó una voz grave. En la distancia, un látigo surcó el aire y partió en pedazos a varios Gillians, cayendo como muñecos rotos.
—¡Danza, Sode no Shirayuki! —el frío se extendió con un murmullo cristalino, y varios hollows quedaron congelados en un instante, quebrándose en mil fragmentos que se disolvieron con el viento.
—¡Getsuga Tenshō! —la oscuridad cortó el cielo, un filo de poder que atravesó a los últimos Gillians con violencia.
Los cuerpos gigantes se desplomaron uno tras otro, levantando una nube de arena y polvo espiritual.
El grupo de avanzada abrió los ojos de par en par.
—…No puede ser —susurró Abyss.
De entre la polvareda aparecieron Ichigo, Rukia, Renji, Orihime, Uryū, Chad, Kazui e Ichika. La sorpresa en los dos grupos era mutua.
Ichigo apenas alcanzó a mirar a Nell cuando ella saltó sobre él con una sonrisa enorme.
—¡Ichigo! ¡Estás más viejo! —dijo, aplastándolo contra la arena mientras lo abrazaba con fuerza.
Orihime saludó con una mano, divertida.
—Hola, Nell.
Nell se giró de inmediato hacia Kazui, que la miraba con la cara roja como un tomate.
—¡Ohhh! Debes ser el hijo de Ichigo, tienen el mismo reatsu.
Kazui solo bajó la cabeza, asintiendo con torpeza.
Ichika, que observaba la escena, se cruzó de brazos y miró a Nell de arriba a abajo. Su vista se detuvo un instante en el prominente busto de la arrancar… luego se miró a sí misma, bajó el ceño y chasqueó la lengua.
Al notar a Kazui rojo, le dio un golpe en el brazo, que llego a tumbarlo.
—¡Oye, deja de mirarla tanto, idiota!
Todos alrededor se quedaron congelados. Orihime y Rukia se taparon la boca, riendo por lo bajo, mientras Renji y el propio Ichigo —aún atrapado bajo Nell— no entendían nada.
Fue el capitán del 11º escuadrón quien cortó el momento.
—Capitana Kuchiki. —Hizo un saludo rápido a Rukia—. No te preocupes. Cumplí tu orden. Dejé a Tala en el escuadrón, como lo prometí.
Rukia asintió, aliviada por dentro, aunque la tensión en sus ojos revelaba que no dejaba de pensar en ella.
El capitán miró a Ichigo y al grupo completo, sorprendido.
—Jamás pensé que vería al legendario equipo de Karakura reunido otra vez. Cuándo estaba dentro de la Academia, sus nombres eran una leyenda.
Un murmullo de los hombres del 11º escuadrón interrumpió la reverencia.
—Leyenda o no, yo no pienso pelear junto a un sucio Quincy —dijo uno de los soldados, mirando con desprecio a Uryū.
El Quincy, sereno, materializó su arco de luz.
—Si crees que eres digno de enfrentarte a mí… ven. Y veremos si sigues vivo.
El aire se volvió espeso, hasta que la voz de Abyss cortó la tensión como un filo.
—Llevamos cinco minutos aquí… y ya la mitad de ustedes ha muerto en la arena. —Su mirada se clavó en todos—. No traje a débiles, y tu capitán tampoco. Si quieren vivir, dejen de actuar como idiotas.
El shinigami que había hablado bajó la cabeza, mordiéndose el labio. Dio media vuelta… y no alcanzó a dar un paso más.
Un grito ahogado escapó de su garganta cuando algo emergió de la arena y lo partió a la mitad.
—¡¿Qué demonios…?! —bramó Grimmjow, desenvainando.
La arena comenzó a convulsionar. Decenas de criaturas emergieron, largas como gusanos, con cuerpos formados de arena compacta, venas negras y máscaras blancas de los anteriores hollows incrustadas en su superficie. Sus ojos brillaban vacíos, pero su reatsu era antinatural, imposible de clasificar.
—No los destruimos... ellos terminaron absorbiéndolos—murmuró La Maga, retrocediendo un paso—. Se… se crearon de la nada.
Los rodeaban por completo.
—HollowVacío —susurró Nell, con el rostro tenso.
La arena del Hueco Mundo, por primera vez en siglos, rugió como si estuviera viva.
Un nuevo enemigo había llegado.