viernes, 31 de octubre de 2025

Capítulo 49: HollowVacío

El desierto del Hueco Mundo se estremecía con el rugido de decenas de Gillians avanzando como un ejército ciego. El aire pesado vibraba con sus pisadas, y la arena temblaba bajo cada movimiento.

El grupo de avanzada —con Abyss, La Maga, el Capitán del 11º escuadrón, Nell y Grimmjow— se preparaba para recibirlos.

Pero antes de que pudieran reaccionar, a lo lejos comenzaron a escucharse tres rugidos familiares.

—¡Aúlla, Zabimaru! —retumbó una voz grave. En la distancia, un látigo surcó el aire y partió en pedazos a varios Gillians, cayendo como muñecos rotos.

—¡Danza, Sode no Shirayuki! —el frío se extendió con un murmullo cristalino, y varios hollows quedaron congelados en un instante, quebrándose en mil fragmentos que se disolvieron con el viento.

—¡Getsuga Tenshō! —la oscuridad cortó el cielo, un filo de poder que atravesó a los últimos Gillians con violencia.

Los cuerpos gigantes se desplomaron uno tras otro, levantando una nube de arena y polvo espiritual.

El grupo de avanzada abrió los ojos de par en par.

—…No puede ser —susurró Abyss.

De entre la polvareda aparecieron Ichigo, Rukia, Renji, Orihime, Uryū, Chad, Kazui e Ichika. La sorpresa en los dos grupos era mutua.

Ichigo apenas alcanzó a mirar a Nell cuando ella saltó sobre él con una sonrisa enorme.
—¡Ichigo! ¡Estás más viejo! —dijo, aplastándolo contra la arena mientras lo abrazaba con fuerza.

Orihime saludó con una mano, divertida.
—Hola, Nell.

Nell se giró de inmediato hacia Kazui, que la miraba con la cara roja como un tomate.
—¡Ohhh! Debes ser el hijo de Ichigo, tienen el mismo reatsu.

Kazui solo bajó la cabeza, asintiendo con torpeza.

Ichika, que observaba la escena, se cruzó de brazos y miró a Nell de arriba a abajo. Su vista se detuvo un instante en el prominente busto de la arrancar… luego se miró a sí misma, bajó el ceño y chasqueó la lengua.

Al notar a Kazui rojo, le dio un golpe en el brazo, que llego a tumbarlo.
—¡Oye, deja de mirarla tanto, idiota!

Todos alrededor se quedaron congelados. Orihime y Rukia se taparon la boca, riendo por lo bajo, mientras Renji y el propio Ichigo —aún atrapado bajo Nell— no entendían nada.

Fue el capitán del 11º escuadrón quien cortó el momento.
—Capitana Kuchiki. —Hizo un saludo rápido a Rukia—. No te preocupes. Cumplí tu orden. Dejé a Tala en el escuadrón, como lo prometí.

Rukia asintió, aliviada por dentro, aunque la tensión en sus ojos revelaba que no dejaba de pensar en ella.

El capitán miró a Ichigo y al grupo completo, sorprendido.
—Jamás pensé que vería al legendario equipo de Karakura reunido otra vez. Cuándo estaba dentro de la Academia, sus nombres eran una leyenda.

Un murmullo de los hombres del 11º escuadrón interrumpió la reverencia.
—Leyenda o no, yo no pienso pelear junto a un sucio Quincy —dijo uno de los soldados, mirando con desprecio a Uryū.

El Quincy, sereno, materializó su arco de luz.
—Si crees que eres digno de enfrentarte a mí… ven. Y veremos si sigues vivo.

El aire se volvió espeso, hasta que la voz de Abyss cortó la tensión como un filo.
—Llevamos cinco minutos aquí… y ya la mitad de ustedes ha muerto en la arena. —Su mirada se clavó en todos—. No traje a débiles, y tu capitán tampoco. Si quieren vivir, dejen de actuar como idiotas.

El shinigami que había hablado bajó la cabeza, mordiéndose el labio. Dio media vuelta… y no alcanzó a dar un paso más.

Un grito ahogado escapó de su garganta cuando algo emergió de la arena y lo partió a la mitad.

—¡¿Qué demonios…?! —bramó Grimmjow, desenvainando.

La arena comenzó a convulsionar. Decenas de criaturas emergieron, largas como gusanos, con cuerpos formados de arena compacta, venas negras y máscaras blancas de los anteriores hollows incrustadas en su superficie. Sus ojos brillaban vacíos, pero su reatsu era antinatural, imposible de clasificar.

—No los destruimos... ellos terminaron absorbiéndolos—murmuró La Maga, retrocediendo un paso—. Se… se crearon de la nada.

Los rodeaban por completo.

—HollowVacío —susurró Nell, con el rostro tenso.

La arena del Hueco Mundo, por primera vez en siglos, rugió como si estuviera viva.

Un nuevo enemigo había llegado.

viernes, 24 de octubre de 2025

Capítulo 48: Como en los viejos tiempos

 La tienda de Urahara vibraba con la energía acumulada. Frente al grupo, la garganta se abría poco a poco, expandiéndose como un túnel blanco que parecía tragarse la luz de la sala.

Urahara ajustó su sombrero y habló con tono ligero, aunque su mirada denotaba tensión:
—La garganta debería llevarlos aproximadamente al sector donde se encuentra el grupo de avanzada.

Ichigo, con los brazos cruzados, lo miró con severidad.
—¿Cómo que “aproximadamente”?

Urahara se encogió de hombros, ocultando media sonrisa tras el abanico.
—El Hueco Mundo está… inestable. Mis lecturas no son precisas. No solo los hollows han cambiado: incluso el espacio mismo allí parece alterado.

Ichigo resopló, apretando los puños. Por un momento, miró a cada uno de los presentes: Rukia, Renji, Chad, Uryū, Orihime, Ichika, Kazui… hasta el hijo de Ishida que se mantenía junto a su madre a la distancia.

Entonces, con una media sonrisa cargada de determinación, pronunció una sola frase:
—Como los viejos tiempos.

El grupo cruzó el umbral.

Avanzar por ese túnel dimensional era siempre una experiencia perturbadora: oscuridad infinita alrededor, plataformas de reishi bajo los pies y esa sensación de que, si alguien titubeaba, podía perderse para siempre.

Los padres avanzaban con experiencia, pero ahora no solo eran guerreros: eran padres y mentores.

Renji caminaba al frente, observando de reojo a Ichika.
—No sé si hice bien trayéndola —murmuró a Rukia.

Ella lo miró, con el rostro serio.
—Si no la hubiésemos dejado venir, habría encontrado otra forma de seguirnos. Es hija de Abarai Renji, ¿recuerdas? —añadió con un brillo orgulloso en los ojos.

Orihime observaba a Kazui, que avanzaba junto a Ichika con paso firme. Sus manos temblaban levemente, deseando protegerlo, pero al mismo tiempo entendiendo que debía dejarlo ser.

Ichigo no decía nada. Caminaba unos pasos por delante, como si cargar con esa decisión fuese un peso que prefería llevar en silencio.

La luz del Hueco Mundo los envolvió de golpe cuando salieron. El cielo perpetuamente oscuro, las dunas infinitas y la opresión espiritual los recibieron como un rugido invisible.

No alcanzaron a avanzar demasiado cuando un grupo de hollows surgió desde la arena.

Pero no eran hollows comunes. Sus máscaras parecían incompletas, sus cuerpos distorsionados, como si estuvieran a medio camino entre varias formas. Y, lo más perturbador, sus ojos no eran vacíos… sino conscientes.

Ichika retrocedió un paso al verlos, el corazón latiéndole a mil.

Uno de los hollows, de torso delgado y brazos alargados, habló con una voz ronca pero clara:
—La unión de los mundos… es inevitable. El eclipse marcará el comienzo.

Ichika abrió los ojos de par en par.
—¡Eso mismo escuché en Karakura! —exclamó, mirando a los demás—. Es lo que le conté a Tala… ¡ella me dijo que hablan sobre una profecía!

El hollow giró la cabeza hacia ella, como si reconociera su voz.
—Los herederos… serán testigos.

Renji se puso de inmediato frente a Ichika, desenvainando Zabimaru.
—¡No te acerques a ella!

El aire se llenó de tensión.

Ichigo no esperó más. Tomo su zampakuto y se lanzó hacia el primer hollow. A su lado, Chad activo "El brazo derecho del Gigante" y "El brazo izquierdo del Diablo", Orihime invocó su escudo y Uryū tensó su arco Quincy.

Por un instante, el tiempo pareció retroceder años atrás. El viejo equipo luchaba nuevamente, hombro con hombro, contra lo desconocido.

Chad derribó de un golpe a un hollow que intentaba abalanzarse desde un costado. Orihime protegía las aberturas, bloqueando ataques con sus barreras de luz. Uryū disparaba ráfagas de flechas, precisas como siempre, atravesando a los enemigos antes de que pudieran moverse.

E Ichigo, con el filo de Zangetsu brillando en el aire, cortaba el frente con la misma furia indomable que en sus días de juventud.

Kazui e Ichika observaban la escena con los ojos muy abiertos.

No era un cuento, ni una leyenda. Era lo que significaba luchar de verdad. Era lo que habían heredado.

Ichika apretó el mango de su zanpakutō, sintiendo en el pecho tanto miedo como determinación. Kazui, en silencio, entendía ahora por qué su padre siempre hablaba de luchar “con todo”.

El eco del viejo equipo resonaba en el Hueco Mundo, pero ya no eran los únicos que cargarían con ese deber.

La nueva generación estaba presenciando la batalla que definiría el futuro… y pronto sería su turno de blandir sus zampakuto.

miércoles, 22 de octubre de 2025

Capítulo 47: Ecos del Legado

La noche en Karakura estaba inquietantemente tranquila. Ni un solo hollow rondaba las calles, como si el mismo aire aguardara en silencio. Dentro de la tienda de Urahara, las luces estaban encendidas y las sombras de varias figuras se proyectaban sobre los biombos de papel.

Urahara, abanico en mano, hablaba con su tono ligero, pero sus ojos escondían una seriedad poco habitual.

—Para este punto, el escuadrón de avanzada ya debería haber ingresado en Hueco Mundo. Capitaneados por los más aptos para ese terreno, y acompañados de Nelliel y Grimmjow —explicó—. Los viejos compañeros quizá no estén en su mejor momento físico… pero créanme, la experiencia cuenta más de lo que creen.

Orihime apretó las manos sobre su regazo, sin dejar de mirar a Ichigo, que se mantenía de pie, rígido, con esa mezcla de impaciencia y preocupación que le era tan característica.

—No pienso quedarme de brazos cruzados —dijo Ichigo, con voz baja pero firme—. Kazui es fuerte, pero aún es un niño. No lo dejaré arriesgarse.

Kazui, sentado en las escaleras, se levantó de golpe.

—¡Soy un shinigami, papá! —su voz resonó, cargada de emoción y orgullo—. ¡Ese poder corre por mi sangre! Si te lanzas a luchar sin mí, ¿cómo esperas que me convierta en alguien digno de ese mismo legado?

El ambiente se tensó. Ichigo giró bruscamente hacia él, dispuesto a frenarlo con palabras que sonaban más a rugido que a consejo, pero Urahara levantó una mano, interponiéndose entre ambos.

—Kurosaki-kun, deja que termine —interrumpió suavemente, aunque sus ojos estaban afilados como cuchillas—. Vamos a necesitar toda la ayuda posible. Incluso la que no esperábamos.

Ichigo lo miró con incredulidad.

—¿Estás diciendo que…?

—Así es —Urahara cerró el abanico—. Por eso llamé a Chad y a Ishida. Este no es un problema que deban cargar solos. El mundo entero podría verse afectado.

Justo entonces, la puerta corrediza se abrió con un golpe seco.

Rukia entró con la misma elegancia de siempre, Renji tras ella con paso seguro, e Ichika cerrando el trío, con su uniforme, esta vez, bien ajustado y el cabello recogido con firmeza.

—Tardamos demasiado —dijo Rukia, mirando a Ichika algo molesta.
—Pero llegamos a tiempo —añadió Renji, posando una mano en el hombro Rukia.

Ichika miró a Kazui con complicidad, como si las palabras sobraran. Ambos sabían que estarían lado a lado en lo que venía.

Orihime contuvo la respiración. Yuzu y Karin, que habían ido a apoyar discretamente a su hermano, se miraron entre sí sin atreverse a interrumpir.

Todo parecía alinearse para un último reencuentro del antiguo equipo… pero con un giro inesperado.

Al salir de la tienda, para despedir a Yuzu y Karin, quien debían volver a la clínica, una silueta los esperaba frente a la calle iluminada por faroles. Era una mujer de porte sereno, con rasgos refinados, y a su lado un muchacho de cabello oscuro, algo más joven que Ichika y Kazui.

El chico clavó los ojos en Uryū, y dio un paso al frente.

—Sé que aún soy demasiado joven para luchar a tu lado, padre… —su voz tembló apenas, pero cada palabra pesaba—. Pero prométeme que volverás. Que seguirás entrenándome para convertirme en un Quincy, como tú… y como el abuelo.

El silencio fue absoluto.

Todos voltearon, sorprendidos. Nadie, ni siquiera Ichigo, sabía que Uryū había tenido un hijo.

Ichigo entrecerró los ojos. Renji levantó una ceja incrédulo. Rukia apenas pudo ocultar el impacto. Incluso Urahara dejó caer el abanico, sonriendo con esa mezcla de misterio y satisfacción que solo mostraba cuando los secretos salían a la luz.

Uryū, serio, apoyó una mano en el hombro del muchacho.

—Lo prometo. Pero ahora no es tu momento.

El chico bajó la cabeza, aceptando, aunque sus puños seguían apretados con fuerza.

Ichika susurró para sí misma:
—Entonces… la nueva generación no solo somos nosotros dos.

El grupo entero entro al antiguo sótano la tienda. Frente a ellos, la garganta que los llevaría a Hueco Mundo empezaba a abrirse, resplandeciendo como un ojo blanco en medio de la oscuridad.

El aire vibraba con una mezcla de nostalgia y anticipación. Viejos camaradas, nuevos herederos, y un enemigo desconocido aguardando al otro lado.

La última misión, el cruce de legados, estaba a punto de comenzar.

martes, 21 de octubre de 2025

Capítulo 46: El rugido contenido

 El 11º escuadrón estaba más silencioso que nunca. Las risas y los gritos de batalla que normalmente llenaban el patio habían desaparecido, sustituidos por el eco lejano de pasos y órdenes secas. La ausencia del capitán se sentía como un hueco que ni cien hombres podían llenar.

Tala Kuchiki, aún con los informes bajo el brazo, recorría los pasillos revisando las rondas de guardia. Sus pasos eran firmes, pero dentro de ella el zumbido de la duda todavía no la dejaba en paz.

Fue entonces cuando una voz fresca, casi descarada, rompió el ambiente:

—Así que es cierto…

Tala se giró con brusquedad. En la entrada del pasillo, con el uniforme desordenado y el cabello recogido de forma descuidada, estaba Ichika Abarai.

—¿Qué haces aquí? —preguntó Tala, sorprendida.

Ichika sonrió con nerviosismo.
—Tenía que verlo con mis propios ojos. Todos en la familia hablan que ahora eres la teniente del 11º… pero no me lo creía.

Tala frunció el ceño.
—Estoy ocupada... ¿Qué quieres?.

Ichika se acercó, bajando la voz.
—No estoy aquí para pelear. Quería contarte lo que nos paso Karakura.

Tala la miró con atención, y la joven no esperó permiso para continuar.
—Un hollow extraño apareció. No era como los demás… su marcara casi no parecía hollow. Pero habló, Tala. Habló como un humano. Dijo que “los mundos deben unirse” y que “el eclipse se acerca”. Kazui y yo lo escuchamos.

Las manos de Tala se crisparon sobre los informes.
—…Lo sé. Ya recibimos parte del reporte de Urahara.

—No entiendes. —Ichika dio un paso más cerca, con una mezcla de miedo y emoción en los ojos—. No eran solo palabras. Su reatsu era… raro, como si no fuera de ningún mundo. Y Urahara piensa que pueden haber más.

El silencio cayó entre ellas. Tala podía sentir la seriedad en el rostro de la hija de Renji.

—¿Y cuál es el plan? —preguntó al fin.

Ichika tragó saliva.
—Investigar. Saber qué son de verdad esos hollows. Kazui y yo pensamos que si aparecen más, no podemos quedarnos de brazos cruzados.

Tala cerró los ojos un instante. Dentro de ella, algo se agitaba con fuerza. La imagen de su capitán cruzando hacia Hueco Mundo, la de Abyss desapareciendo en la garganta a su lado, y la de La Maga caminando tras ellos con esa calma temible. Todos allí, enfrentándose a algo desconocido.

Y ella… ella se había quedado atrás.

Un peso invisible le presionó el pecho.

—Ichika… —dijo al fin, con un tono bajo pero cargado de filo—. ¿Entiendes lo que dices? ¿Entiendes lo que puede significar enfrentarse a algo que ni siquiera reconocemos?

Ichika alzó la barbilla.
—Lo entiendo más de lo que crees.

Los ojos de Tala brillaron con una intensidad repentina, como si en su interior se encendiera un fuego oculto. La preocupación que llevaba acumulando se transformaba en una sensación peligrosa: la certeza de que tal vez su capitán y su maestra no volverían.

Y si eso pasaba… todo recaería sobre ella.

Respiró hondo, intentando controlar el rugido contenido en su pecho.

—Escucha, Ichika. Si de verdad vas a seguir ese camino… no lo hagas como una niña buscando aventuras. Hazlo como un soldado preparado para morir.

Ichika guardó silencio, sorprendida por el peso de esas palabras.

Tala la miró de frente, y por primera vez, Ichika vio en ella no solo era la pequeña de la Familia Kuchiki, sino a alguien que cargaba el peso de todo un escuadrón sobre sus hombros.

En ese momento, el “Pequeño Tigre Blanco” ya no parecía tan pequeño.

lunes, 20 de octubre de 2025

Capítulo 45: El peso de la espada

 El 11º escuadrón estaba en silencio.

Los pasillos parecían más anchos que nunca, vacíos, como si la ausencia del capitán y la mayor parte de las filas hubiera dejado un hueco imposible de llenar.

En la oficina principal, Tala Kuchiki permanecía de pie, los brazos cruzados, con el ceño fruncido. Había pasado horas revisando informes de patrullas, mapas de los sectores exteriores y las órdenes de Shunsui. No importaba cuánto los leyera: lo único que sentía era el zumbido constante en su pecho, esa mezcla de orgullo y miedo que se negaba a apagarse.

De pronto, escuchó voces detrás de ella.

—Tienes cara de que vas a romper los papeles con la mirada —bromeó Yumichika, entrando con su típica elegancia.
Ikkaku lo siguió, con una mueca relajada.

Tala los miró de golpe, irritada.

—¿Qué hacen aquí? —preguntó, tajante—. Ustedes deberían estar en Hueco Mundo, luchando junto al capitán.

Ikkaku sonrió de lado.
—¿Y perderme la oportunidad de ver cómo la noble Kuchiki se las arregla para gritarle a un escuadrón entero? Ni loco.

Tala apretó los dientes.
—¡No es un chiste! —dio un golpe a la mesa—. ¡Ustedes tambien son sus hombres de confianza! ¡El capitán puede morir allá, y ustedes… ustedes se quedan aquí como si nada!

Su voz tembló al final. Yumichika, por primera vez, dejó de sonreír.

—Tala…Teniente Kuchiki... —habló con calma—. No nos quedamos “como si nada”. Nos quedamos porque alguien tenía que hacerlo.

Ikkaku se cruzó de brazos, serio ahora.
—Mira, mocosa… nuestro deber no es solo seguir al capitán. Si algo pasa aquí en la Sociedad de Almas o en el mundo humano, ¿quién responde? ¿Quién levanta la espada si vienen por nuestras cabezas mientras todos están en Hueco Mundo?

Tala bajó la mirada, pero su voz aún ardía.
—Eso no cambia que el capitán los necesite allá.

Yumichika suspiró.
—Eres terca… igual que él.

Ikkaku dio un paso al frente y la miró directo a los ojos.
—¿De verdad no lo entiendes? El capitán no te dejó aquí por miedo a que te pase algo. No te estaba “protegiendo”.

Tala lo observó, confundida.
Ikkaku continuó:

—Te dejó aquí porque confía en ti. Porque sabe que, si él no vuelve… serás tú quien levante este escuadrón.

El silencio cayó como una piedra.
Tala sintió cómo se le helaba el estómago.

—…Eso no puede ser… —susurró, negando con la cabeza—. No soy tan fuerte como él…
—Nadie lo es —respondió Ikkaku, sin dudar—. Pero la fuerza no siempre es cortar más profundo. A veces es cargar con lo que nadie más quiere llevar. Y en este escuadrón… ese alguien eres tú.

—Nuestro anterior capitán era al alguien terco, pero su fuerza en batalla era sorprendente, te hacia luchar junto a él, no porque te lo mandase, sino porque queríamos y tu nos haces acordar a su teniente... pequeña pero muy explosiva...—Hablaba Ikkaku, dándole la espalda.

Tala cerró los ojos un instante. En su mente, imágenes cruzadas: su capitán avanzando hacia Hueco Mundo, la sonrisa confiada de Ikkaku, la tranquilidad fría de Yumichika. Y detrás de todo eso, el rugido del 11º escuadrón, esa fuerza bruta que siempre había parecido indomable.

Respiró hondo y abrió los ojos.

—…Entonces no tengo derecho a flaquear.

Yumichika sonrió, casi orgulloso.
—Esa es la voz que necesitábamos escuchar.

Ikkaku golpeó su hombro con fuerza, haciéndola tambalearse un poco.
—Eso es, Pequeño Tigre Blanco. Si caemos, caemos peleando. Y si el capitán no vuelve… será porque nos dejó a alguien capaz de mantener vivo este escuadrón.

Tala se giró hacia la ventana, mirando la Sociedad de Almas iluminada por las linternas nocturnas.

El miedo seguía ahí, pero ahora ardía mezclado con una certeza distinta: no estaba sola, y tampoco era una simple sombra del 11º.

Era su espada, su peso y, si llegaba el día, su voz.

—Escuchen bien —dijo, con la calma de un filo desenvainado—. Si algo pasa aquí, seremos nosotros los primeros en responder. No habrá retroceso. No habrá duda.

Ikkaku y Yumichika se miraron entre sí, y asintieron.

Por primera vez, Tala Kuchiki sintió el verdadero peso de su apellido, de su rango y de su escuadrón… y lo aceptó.

viernes, 17 de octubre de 2025

Capítulo 44: Parte 2 - El Hueco que Respira

El silencio era opresivo. Cada grano de arena bajo sus pies parecía vibrar como un latido.

Nelliel estrechó los ojos.

—Esto… no existía antes. Hueco Mundo nunca tuvo torres como esas.
Grimmjow gruñó, con las manos en los bolsillos.

—Lo sé. Y me pone los pelos de punta.

De entre las dunas surgieron hollows deformes. Sus máscaras estaban agrietadas, con líneas negras recorriendo sus cuerpos como venas. Al moverse, emitían sonidos guturales, chirridos extraños.

Uno se adelantó.
Cuando abrió la boca, no fue un rugido lo que salió, sino palabras claras:

—El eclipse… se acerca.

Los shinigamis se helaron.
Abyss, con los ojos muy abiertos, susurró:

—No… puede ser. Un hollow de bajo rango… hablando.

El 11º escuadrón embistió con violencia. Espadas contra carne, gritos y arena volando.
Abyss desapareció entre sombras, apareciendo tras los enemigos y cortando gargantas sin esfuerzo.
La Maga levantó una barrera de kido, protegiendo al escuadrón médico de un aluvión de energía oscura.

Nelliel cargó en su forma de centauro, atravesando a dos criaturas a la vez.
Grimmjow lanzó un zarpazo cargado de reiatsu, volando un grupo entero.

Pero incluso al caer, los mutados no se desintegraban.

Los cuerpos explotaron en fragmentos negros, que se esparcieron como insectos y se hundieron en la arena. La misma tierra los absorbió, palpitando como si estuviera alimentándose.

La Maga apretó los dientes.

—El Hueco Mundo está vivo. Está… devorando sus restos.

Nelliel palideció.

—Harribel… ella está resistiendo en una fortaleza al norte. Si no llegamos pronto…

Un rugido sacudió el aire.
El suelo tembló.

En el horizonte, un enjambre de Gillians avanzaba. No caóticos, no torpes. Marchaban al unísono, como soldados siguiendo una orden común. Sus ojos brillaban con un resplandor rojo idéntico al de las torres.

El desierto se llenó de ecos de pasos gigantes.

Abyss susurró:

—Esto… ya no es Hueco Mundo. Es un campo de incubación.

Mientras tanto, ya de vuelta en Karakura, Urahara analizaba los datos junto a Orihime e Ichigo. Un sonido interrumpió el silencio: la puerta de la clínica se abrió.

Dos figuras entraron en la penumbra.
Una voz profunda, conocida, habló primero:

—Llegamos tarde, ¿verdad?

La otra, más serena y analítica, añadió:

—Entonces es cierto… el mundo está cambiando otra vez.

Las sombras revelaron parcialmente sus siluetas: Chad y Uryū habían regresado.

La guerra ya no era cuestión de hollows.
Era algo mayor.

miércoles, 15 de octubre de 2025

Capítulo 43: Parte 1 - Ecos del Eclipse

 El polvo oscuro se elevaba lentamente en Karakura, como si el aire mismo hubiera quedado envenenado. El hollow derrotado no se desintegró en las partículas normales que todos conocían, sino en una especie de ceniza negra que se dispersaba hacia el cielo, girando en espirales que parecían tener voluntad propia.

Los shinigamis se quedaron en silencio.
Renji fue el primero en apretar los dientes.

—…Ese hollow… habló. —Su voz era grave, incrédula.
—Y no balbuceaba —añadió Ichika, aún con el sudor cayendo de su frente—. Lo hacía claro… como si entendiera lo que decía.

Ella tragó saliva, aún con su zampakutō en la mano, intentando parecer firme.
Pero lo que resonaba en su cabeza era la frase del monstruo: “Los mundos deben unirse”.

Kazui miraba el cielo, confundido. Ichigo apoyó una mano sobre su hombro.

—Lo sé —murmuró su padre, sin apartar la vista de los restos oscuros—. Yo tampoco entiendo qué significa. Pero lo que está claro es que ya no estamos lidiando con hollows normales.

Urahara apareció a sus espaldas, abanico en mano y sonrisa forzada.

—Correcto, Kurosaki-kun. Logre analizar sus residuos… y no pertenecen a la energía de un hollow común. Tampoco a la de un shinigami o un Arrancar. —Por un instante, la mirada del ex-capitán se volvió seria, casi fría—. Lo que enfrentaron pertenece a una nueva fuerza.

El silencio se volvió más denso que el aire.

En la sala del 1er escuadrón, Shunsui Kyoraku escuchaba los informes mientras Ichigo, Renji y Rukia, recién llegados a la Sociedad de Almas, discutían en voz baja sobre los jóvenes.

—¡No deberían haber estado ahí! —alzó la voz Renji, golpeando una muralla con su puño—. ¡Ichika pudo haber muerto!
—Lo mismo va para Kazui —añadió Rukia, seria pero con los ojos brillando de miedo contenido—. ¡Son aun muy inexpertos!

Ichigo, con calma tensa, replicó:

—¿De verdad creen que podremos detenerlos? Ustedes recuerdan cómo empezamos. Nadie pudo detenernos a nosotros cuando te vinimos a rescatar, o cuando peleamos con Aizen... o... cuando luchamos contra los Quincy e Yhwach… porque el destino no permite que corramos hacia atrás.

Shunsui intervino, tapando su mirada bajo su sombrero.

—No es cuestión de destino, muchacho… sino de responsabilidad. —Luego, con un tono más suave—. Pero quizás tengas razón. El problema no es si ellos lucharán, sino cómo sobrevivirán cuando lo hagan.

Renji apretó los puños, impotente.

En el 6º escuadrón, Ichika entrenaba con un kido de bajo nivel, sudorosa, moviendo su espada con determinación. A la distancia, Byakuya la observaba en silencio. Su semblante era el mismo de siempre: sereno, imperturbable. Pero en la quietud de sus ojos había una preocupación latente.

Un integrante del Escuadrón lo interrumpió suavemente.

—Capitán… ¿deberíamos detenerla?
—No. —Byakuya habló sin mirarla—. Ella no solo es una Noble. También es la hija del Teniente Renji Abarai. Su herencia no le permitirá retroceder.

El shinigami vaciló.
Byakuya añadió, con una sombra apenas perceptible de emoción:

—Pero también me inquieta algo. En su espíritu late la sangre del 11º escuadrón… y eso puede llevarla a un destino de espada, no de nobleza.

Ese mismo día, en los patios del 6° Escuadrón, Ikkaku la buscó.
La encontró en silencio, aún con la espada en mano.

—Oye, mocosa —dijo sin rodeos—. Ahora eres del 6º Escuadrón, pero nunca olvides que empezaste en mis filas y yo como tu maestro.
—Lo sé… —respondió Ichika, firme pero nerviosa.
—Entonces grábalo en tu corazón —añadió Ikkaku, sonriendo con cierta dureza—. Si alguna vez tu nobleza falla, recuerda: en tus venas corre el filo del 11º, ya que al parecer los nuevos Kuchiki se están empezando a formar en nuestras barracas.

En el cuartel de operaciones, la reunión final reunía a los elegidos.
Los capitanes designados formaban una imagen imponente:

  • El Capitán del 11º, con la fuerza bruta de su escuadrón como respaldo.

  • Abyss, silenciosa, envuelta en un nuevo complemento de su uniforme, diseñado especialmente por Urahara.

  • La Maga, con un pergamino de kido en las manos, el cual se veía algo antiguo, tranquila pero atenta.

Junto a ellos, Nelliel y Grimmjow, los arrancar mandados por Harribel, se mantenían en silencio, aunque sus miradas revelaban la tensión de estar de nuevo frente a shinigamis como aliados.

Shunsui los despidió con voz grave:

—No sabemos si Hueco Mundo será campo de batalla… o tumba. Caminen con cautela.

La garganta se abrió, retorciéndose como una herida en el aire.
Los expedicionarios avanzaron.

Al otro lado, el desierto de Hueco Mundo no era el mismo que recordaban.
Torres de obsidiana surgían del horizonte, alargadas como agujas que parecían sangrar sombra. La arena brillaba con un reflejo rojizo, como si palpitara con vida propia.

Y a lo lejos, marchando en formación perfecta, Gillians… no erráticos como antes, sino organizados como un ejército.

La Maga frunció el ceño.

—Esto no es Hueco Mundo. Es algo que lo está devorando desde dentro.

lunes, 13 de octubre de 2025

Capítulo 42: Voces en la Oscuridad

El rugido del hollow resonaba como un trueno entre los edificios de Karakura. Su máscara rota dejaba entrever fisuras de carne oscura, y de su garganta brotó algo que nadie esperaba:

—P…protección… destrucción… equilibrio…

Ichigo y Renji frenaron en seco al escuchar aquellas palabras. Incluso ellos, con toda su experiencia, abrieron los ojos con incredulidad.

—Un hollow… ¿hablando así? —murmuró Renji, tensando la mandíbula.
—Y no es de alto nivel… —Ichigo apretó su zanpakutō—. Esto no es normal.

Kazui e Ichika estaban en posición de combate, pero el tono en la voz del hollow los desestabilizó. Kazui tragó saliva.
—Eso… eso no debería ser posible.

El hollow volvió a hablar, su voz quebrada y antinatural:
—El eclipse… se acerca. Los mundos… volverán a ser uno…

Rukia y Orihime llegaron en ese instante, justo a tiempo para escuchar. Rukia sintió cómo un escalofrío le recorría la espalda. Las palabras eran casi idénticas a la advertencia que había escuchado en el Seireitei.

El hollow rugió y, sin más aviso, se abalanzó hacia los jóvenes. Ichigo y Renji saltaron al frente, interponiéndose, bloqueando el ataque con un choque que sacudió la calle entera.

Kazui apretó los dientes.
—¡No necesito que me protejas!
Ichigo lo miró de reojo.
—Entonces demuestra que eres un Shinigami… pero no olvides que aún eres mi hijo.

Ichika, con la respiración agitada, replicó:
—¡Lo mismo digo! No me quedaré atrás.

Los adultos sabían que aquello se estaba saliendo de control. Pero antes de que pudieran decidir si retirarlos, el hollow liberó un estallido de reiatsu oscuro que los separó a todos en distintas direcciones.

Mientras tanto, en el Seireitei, el capitán del 11º escuadrón permanecía sentado en silencio en el patio de su división. A su alrededor, sus hombres cuchicheaban, preocupados por la tensión creciente en el Seireitei y los rumores de hollows “inteligentes” en el mundo humano.

El capitán cerró los ojos y descendió hacia su mundo interior.

Allí lo esperaba el mismo paisaje de siempre: un horizonte ardiente, tres soles brillando en el firmamento y, bajo ellos, la silueta majestuosa de un dragón escarlata: Hinomaru.

—Has venido con preguntas otra vez… —rugió la bestia, sus ojos como brasas.

El shinigami caminó hasta quedar frente a él.
—Desde Karakura están llegando reportes…  apareció un hollow que habló. Y no fue un balbuceo… habló de un eclipse, del equilibrio de los mundos. Tú conoces algo sobre eso, ¿verdad?

Hinomaru ladeó la cabeza, su cuerpo reptando alrededor como una serpiente en espiral.
—No. Esas palabras no significan nada para mí. Eclipse, profecías… no son recuerdos que posea.

El capitán frunció el ceño.
—¿Cómo puede ser que no sepas nada? Tú y Manzachiri me lo dijeron una vez. ¿De verdad no hay nada?

El dragón soltó un gruñido grave, casi triste.
—Lo único que sé… es que Manzachiri y yo compartimos un lazo. No sé si es destino o condena. Lo que sientas hacia él, lo siento yo. No somos rivales, pero tampoco somos aliados completos. Somos reflejos… y a veces, los reflejos muestran lo que no quieres ver.

El capitán guardó silencio. Ese enigma no hacía más que alimentar su inquietud.

—Entonces… ¿soy yo quien debe descubrir la verdad?

Los tres soles ardieron con mayor intensidad, bañando al dragón en luz.
—Sí. Tú decides si ese vínculo será fuerza… o ruina.

El capitán abrió los ojos, de vuelta en el Seireitei. A lo lejos, pudo sentir una vibración extraña en el aire: no era su imaginación, era el eco de lo que ocurría en el mundo humano.

Se puso de pie, ajustando su haori, con una sonrisa torcida.
—Entonces… el juego ya comenzó.

Sus hombres lo miraron, tensos, mientras él alzaba la vista al cielo.

En Karakura, el hollow se estremecía bajo la presión combinada de Ichigo, Renji y los demás. Pero antes de ser destruido, pronunció un último susurro:

—El eclipse… será el fin… de todos.

Su máscara se quebró en mil pedazos y su cuerpo se desintegró en la nada, dejando tras de sí un silencio gélido.

Kazui e Ichika, sudorosos y agitados, se miraron con una mezcla de miedo y emoción. Rukia, en cambio, apretó los puños con rabia.

Mientras tanto, en el 11º escuadrón, el capitán sabía que el verdadero desafío aún no había comenzado.

sábado, 11 de octubre de 2025

Capítulo 41: Ecos del Reishi

  El silencio después del entrenamiento era denso, como si el aire aún conservara las vibraciones del último choque entre padre e hijo.

Kazui estaba sentado en el suelo, con la mano aún apoyada sobre su zanpakutō, respirando con dificultad. El sudor le corría por la frente, pero en su rostro no había derrota, sino una serenidad nueva.

Ichigo observó en silencio, con una media sonrisa.
—Tu reiryoku… se siente distinto. Más estable.

Kazui lo miró confundido.
—¿Distinto?

—Antes solo empujabas tu poder —explicó Ichigo, caminando hacia él—. Ahora… estás empezando a escucharlo.

Kazui bajó la mirada a su espada. Por un instante, creyó oír un murmullo, un eco suave que no venía de afuera, sino desde el interior del acero.
—¿Escucharlo…?

Ichigo asintió.
—La zanpakutō tiene una voz. Y cuando logres entenderla… ya no pelearás solo.

Rukia y los demás observaban desde la distancia. Renji estiró los brazos con una sonrisa.
—Vaya, parece que el mocoso empieza a despertar.

Ichika saltó entusiasmada.
—¡Te dije que ganaría!

Orihime, en cambio, mantenía la mirada fija en Kazui, con un brillo de preocupación.
Había percibido algo en ese último intercambio: una fluctuación extraña en el flujo espiritual de ambos, como si algo —una resonancia desconocida— hubiera respondido a la energía de Kazui.

Esa noche, cuando todos regresaron a casa, Ichigo se quedó un momento mirando el cielo de Karakura desde la ventana.
Las estrellas parecían titilar con un ritmo irregular, y por un segundo, juró ver un reflejo pálido cruzar la luna.

En otro punto de la ciudad, Rukia caminaba junto a Renji y su hija. La capitana sintió una punzada repentina en su pecho, una presión espiritual lejana, pero poderosa.
—¿Lo sentiste? —preguntó Renji, deteniéndose.
—Sí… —respondió ella, mirando hacia el horizonte—. Algo está cambiando.

En el interior del Seireitei, los sensores espirituales comenzaron a registrar perturbaciones mínimas, fluctuaciones de reishi en la frontera entre los mundos.
Técnicos del Departamento de Tecnología Espiritual reportaron la anomalía, sin comprender su origen.

Y, en un rincón del Dangai, donde el tiempo y el espacio se mezclan, una grieta diminuta se abrió, apenas perceptible. De ella, escapó un susurro, una voz quebrada que solo el vacío escuchó:

—El equilibrio… se está rompiendo…

viernes, 10 de octubre de 2025

Capítulo 40: Un Nuevo Shinigami

El aire húmedo del subterráneo de Urahara estaba impregnado de reishi. Las paredes, reforzadas por el trabajo de Tessai, vibraban como si recordaran las incontables batallas libradas allí.

Kazui bajó los peldaños con paso firme, aunque no pudo ocultar la curiosidad que lo devoraba.
—¿Qué es este lugar?

Ichigo, ya vestido con su traje de shinigami, caminó delante con calma, con Zangetsu descansando en su espalda.
—Un sitio de entrenamiento. Lo usaba cuando tenía tu edad… y aprendí a pelear de verdad aquí.

Kazui bajó la mirada a la zanpakutō que llevaba en la espalda, al igual que su padre. La ajustó con una mezcla de ansiedad y emoción.

A un costado, en una parte segura de la sala, preparada por Tessai, Rukia e Inoue observaban a través de un kido de protección. El campo ya estaba listo.

El silencio fue roto por una voz femenina, clara y juvenil:
—¡Tú puedes, Kazui! ¡Pateale el trasero a ese anciano!

Rukia giró la cabeza incrédula. Ichika estaba de pie detrás de ellas, los brazos cruzados con una sonrisa traviesa.
—¿¡Qué haces aquí!? —gruñó Rukia, fulminándola con la mirada.

Ichika señaló con el pulgar hacia atrás.
—Mi padre me trajo.

Y justo entonces, otra voz retumbó desde la entrada:
—¡Dale, Ichigo! ¡Enséñale a ese mocoso como pelea un verdadero Shinigami!

Renji apareció, brazos arriba y una sonrisa de oreja a oreja.

Rukia los miró a ambos, el ceño fruncido, hasta que estalló:
—¡¿QUÉ HACEN AQUÍ?!

Orihime, incapaz de contenerse, rompió en carcajadas. Las lágrimas le corrían por las mejillas de tanto reír.
—Es lindo… —jadeó entre risas— volver a estar todos juntos. Me recuerda cuando éramos jóvenes.

Rukia respiró hondo, miró a su amiga y terminó cediendo con una sonrisa suave.
—Está bien… pero no griten.

Orihime asintió, aún riendo, y las dos se miraron cómplices, como en los viejos tiempos.

Ichigo desenvainó lentamente a Zangentsu, los filos resonando con un eco profundo.
Kazui imitó el gesto, sacando su zanpakutō con decisión. La tensión llenó el aire.

—No te contengas —dijo Ichigo, con una sonrisa seria—. Si quieres ayudar al Seireitei, demuéstrame que puedes proteger algo primero.

Kazui asintió, cerrando el puño sobre la empuñadura.
—Te lo demostraré, papá.

Ambos se lanzaron al mismo tiempo. El choque de acero resonó como un trueno, levantando polvo en el campo.

Ichigo, con fuerza medida, balanceó Zangetsu en un arco descendente. Kazui bloqueó con firmeza, aunque el impacto lo arrastró varios metros hacia atrás.

—¡Nada mal! —Ichigo volvió a la carga, él y su zampakutō girando en sincronía perfecta.

Kazui esquivó a la derecha, usando un shunpō torpe pero decidido. Respondió con un corte lateral, que Ichigo bloqueó, desviando el golpe como si nada.

—Demasiado predecible —gruñó Ichigo, empujándolo hacia atrás.

Kazui apretó los dientes, respirando hondo. El reiryoku a su alrededor se agitó.
—Todavía no has visto nada.

Se lanzó de nuevo, esta vez más rápido, obligando a Ichigo a retroceder unos pasos. La fuerza bruta era desigual, pero la determinación de Kazui lo hacía avanzar sin rendirse.

Desde el área segura, Rukia apretó los puños mientras observaba.
—Ese niño… pelea igual que Ichigo en sus primeros entrenamientos.

Renji sonrió orgulloso.
—Tiene el mismo fuego.

Ichika inclinó la cabeza, fascinada por la batalla.
—¡Claro que sí! Kazui va a ganar.

Orihime, sin dejar de mirar, murmuró en voz baja:
—No… no es cuestión de ganar o perder. Es cuestión de si su corazón puede estar a la altura.

Ichigo y Kazui se encontraron de nuevo en el centro, espadas chocando, chispas volando. Los dos forcejearon, los ojos fijos el uno en el otro.

—¡Muéstrame tu voluntad, Kazui! —rugió Ichigo.

—¡No soy solo tu hijo! —gritó Kazui, empujando con todas sus fuerzas—. ¡Soy un Shinigami!

El impacto sacudió el suelo, haciendo retumbar todo el subterráneo.

Ambos retrocedieron, respirando con fuerza. Ichigo bajó lentamente su espada y sonrió.
—Eso es…

Kazui lo miró, jadeante, pero con el fuego intacto en los ojos.

El espiritu de lucha de un nuevo shinigami... a nacido.

miércoles, 8 de octubre de 2025

Capítulo 39: Viejos Amigos, Nuevas Generaciones

La puerta de la clínica Kurosaki se abrió suavemente. El aroma a desinfectante se mezclaba con el murmullo de pacientes y enfermeras.

—Disculpe, estamos llenos por hoy… —dijo una voz femenina desde el mostrador.
La mujer levantó la vista y sus ojos se abrieron como platos.
—¿Rukia?

Rukia parpadeó sorprendida. Aquella mujer, con cabello castaño claro y una calidez inconfundible, corrió a abrazarla.
—¡Eres tú! ¡De verdad eres tú! —exclamó con lágrimas contenidas.
—¿Yuzu? —susurró Rukia, correspondiendo el abrazo con un nudo en la garganta.

El momento fue interrumpido por una voz ronca y algo cansada.
—¿Qué tanto ruido? Les dije que estamos llenos, y aún tengo que entregar una traducción mañana temprano… —Ichigo apareció en la entrada del pasillo, su cabello naranja ya mostrando mechones más claros, arrugas en el rostro.

Sus ojos se encontraron con los de Rukia. El tiempo se detuvo. Ella, con los ojos brillando, apenas pudo decir:
—Hola…

Ichigo tragó saliva, sin necesidad de más palabras.

En la sala principal, Orihime servía té mientras escuchaba el relato de Rukia. Su rostro, aunque aún dulce y sereno, reflejaba preocupación profunda.
—Entonces… ¿todo esto ya comenzó otra vez? —preguntó, sus manos apretando la taza con fuerza.

Rukia asintió en silencio. Y en ese momento, un torbellino pasó corriendo por el pasillo. Un chico de bata blanca, con cabello revuelto y energía desbordante, iba de un lado a otro cargando papeles médicos y notas.

—¿Kazui…? —murmuró Rukia, con una sonrisa contenida.
Orihime asintió con orgullo.
—Sí. Eligió seguir los pasos de su abuelo. Salva tanto a vivos como a las almas.

Ichigo bufó, cruzándose de brazos.
—Pero no está loco como él.

Rukia iba a responder, pero un peluche saltó desde un estante directo hacia ella.
—¡¡RUKIAAAA!! ¡Al fin regresaste a vermeee!
La mano de Rukia se estrelló contra la cara del león de felpa, deteniéndolo en seco.
—También me da gusto verte, Kon… —dijo con tono seco.

Ichigo se apoyó en la pared, mirando a Rukia con seriedad.
—Urahara ya me habia contado algo. Quiere que ayude. Pero… —suspiró— estoy viejo. Mi tiempo ya pasó. Esta vez, paso.

El silencio llenó la sala, roto solo por la voz juvenil de Kazui. El chico se había detenido, escuchando todo desde el marco de la puerta.
—Ichika me contó lo que está pasando en el Seireitei… y en Hueco Mundo. Quiero ayudar.

—¡Ni hablar! —exclamó Orihime, poniéndose de pie.
Kazui no retrocedió. Ichigo lo miró en silencio, y al cabo de unos segundos, sonrió de medio lado.
—Está bien. Yo me encargo de la clínica. Pero vuelves vivo.

Orihime y Rukia abrieron los ojos como platos.
—¿¡Lo dejarás ir así como así!? —preguntó Rukia, incrédula.

Ichigo se encogió de hombros.
—Claro que no. Primero tendrá que ganarme.

Kazui apretó los puños con firmeza, su mirada ardiendo.
—Estoy listo.

Orihime lo miró con lágrimas contenidas.
—¿Estás seguro, Kazui?

Él sonrió, decidido.
—No soy solo el hijo del Legendario Shinigami Sustituto. También soy un Shiba… y un Kurosaki.

Rukia lo observó con atención. Y en ese instante, en Kazui no solo vio al Ichigo joven que corria hacia el peligro... vio la fuerza de Isshin que nunca se rendia y la pasión de Kaien con ese mismo brillo indomable que alguna vez la guio hasta donde esta ahora.

El futuro estaba frente a ella. Y la nueva generación estaba lista para heredar la guerra que se avecinaba.

lunes, 6 de octubre de 2025

Capítulo 38: Preludio de Guerra

El Seireitei estaba envuelto en un aire extraño. No era solo tensión; era la sensación de que algo mucho más grande que ellos estaba por comenzar.

La reunión de capitanes había terminado, pero la discusión seguía flotando en los pasillos. Escuadrones enteros entrenaban con urgencia, levantando barreras y reforzando los muros espirituales. Las mariposas infernales iban y venían sin descanso, llevando mensajes que olían a guerra.

En el 4º escuadrón, La Maga daba instrucciones a sus tenientes sobre los suministros médicos.
—No subestimen lo que se avecina. —Su tono era sereno, pero firme—. No será como luchar contra hollows comunes. Prepárense como si cada herida pudiera ser la última.

En el 2º escuadrón, Abyss reunía a su división con la precisión de un general.
—No vamos a Hueco Mundo a improvisar. Quiero informes de rastreo listos, rutas de escape, y sellos de ocultamiento preparados. Si alguien cree que sobrevivirá sin disciplina, que se quede en el Seireitei.

El 11º escuadrón, en cambio, ardía con otra clase de energía. Los hombres reían, gritaban y afilaban sus espadas. Tala, con el adorno Kuchiki aún en su cabello, observaba a su capitán en silencio. Él no hablaba mucho, pero la presión espiritual que emanaba bastaba para callar incluso a los más ruidosos. Sabían que su sed de batalla sería el estandarte en aquel viaje. Dejándolo atrás, mientras sabia que tendría que ir a ver a Rukia antes de que todo esto comenzara.

Horas después, en los corredores iluminados por faroles de reishi, Rukia Kuchiki recibió un encargo directo de Shunsui. La orden era simple, pero la llevó a detenerse por un momento.

Tala, que la alcanzó, la miró con cierta curiosidad.
—¿Qué misión te dieron?

Rukia sostuvo el papel en silencio, antes de guardarlo bajo su uniforme. Una leve sonrisa se dibujó en sus labios.
—Ver a unos viejos amigos.

Tala arqueó una ceja, intrigada, pero no insistió. Había aprendido a respetar el peso de los silencios de los Kuchiki.

La noche caía sobre la ciudad, bañada en luces cálidas de neón y el bullicio humano que no podía percibir lo que se movía entre mundos.

Frente a una clínica modesta, de ventanas iluminadas y un letrero que decia “Clínica Kurosaki”, una figura se detuvo en la acera.

Rukia, con un viejo Gigai, alzó la mirada hacia el edificio. Sus ojos se endurecieron, como si estuviera conteniendo la mezcla de nostalgia y gravedad que la había traído allí.

—Es hora… —murmuró apenas, antes de dar un paso hacia adelante.

Y con ese movimiento, cruzó la puerta de la clínica, sabiendo que lo que se avecinaba exigiría más que el poder de los capitanes

viernes, 3 de octubre de 2025

Capítulo 37: Ecos del Eclipse

 La sala de reuniones había quedado atrás, pero la tensión no se disipaba. Cada capitán regresaba a su escuadrón con la sombra de aquella revelación pesando sobre sus hombros.

El capitán del 11º escuadrón caminaba en silencio, Tala y Abyss siguiéndolo de cerca. La Maga se había quedado atrás, aún discutiendo con Shunsui sobre las medidas inmediatas.

—Capitán… —la voz de Tala rompió el silencio—. ¿De verdad escuchó todo eso de sus propias zanpakutō?

Él bajó la mirada, pensativo.
—Sí… pero no eran solo Hinomaru y Manzachiri. Esta vez hablaron al unísono, como una sola voz. No entiendo por qué.

Abyss frunció el ceño, cruzando los brazos.
—Un mensaje así no se entrega porque sí. Si tus zanpakutō lo dijeron de esa forma, significa que saben más de lo que muestran.

—Eso es lo que me inquieta —respondió él, apretando el puño— No entiendo por qué mis zanpakutō hablan de lo que está rompiendo ese equilibrio… como si lo recordaran.

El viento del Seireitei sopló fuerte, arrastrando consigo el murmullo de alarma que todavía recorría las divisiones. Los rumores ya se extendían: dos arrancar dentro del corazón de la Sociedad de Almas, el Capitán del 11º profetizando el fin del equilibrio, y la posibilidad de una nueva guerra que no distinguía bandos.

Esa misma noche, una mariposa infernal llegó con un mensaje urgente. Era de Kisuke Urahara.

Los tres capitanes —el del 11º, Abyss y La Maga— se trasladaron al Dangai para establecer contacto. La silueta de Urahara apareció envuelta en sombras, con su habitual sonrisa ladeada.

—Vaya, vaya… parece que las piezas empiezan a encajar. —Su tono era ligero, pero sus ojos estaban cargados de gravedad—. Como ya les adelanté, yo mismo había detectado esas anomalías. Pero no fui el único: en Hueco Mundo, Halibel y sus fracciones vieron cómo los hollows más antiguos se desmoronaban… como si algo los hubiera llamado desde el interior de su propia esencia.

Abyss arqueó una ceja.
—¿Y por eso contactó a Nell y Grimmjow?

—Exactamente. —Urahara se acomodó el sombrero—. Necesitábamos ojos y manos que pudieran moverse allí sin despertar demasiada atención. Pero parece que el “nuevo rey” de Hueco Mundo no se molesta en ocultar su poder.

El capitán del 11º habló por fin, con voz baja.
—Lo que vi en mi mundo interior… confirmaría eso. Si este enemigo quiere unir los tres reinos, Hueco Mundo es solo el primer paso.

La Maga, apoyada en su báculo, chasqueó la lengua.
—Entonces no queda otra opción. Debemos hablar directamente con Halibel. Si ella misma envió a sus hombres aquí, es porque sabe que no podrá contener esto sola.

Urahara asintió, aunque su sonrisa se volvió más oscura.
—Correcto. Pero no crean que Hueco Mundo será un paseo. Si mis sospechas son ciertas, aquello que está despertando no distingue entre hollow, shinigami o humano. Para él… todos somos lo mismo.

El silencio se apoderó del lugar. Por primera vez, incluso Abyss bajó la mirada.

De regreso al Seireitei, la noticia fue clara: se organizaría una expedición al Hueco Mundo. Un grupo reducido, encabezado por el capitán del 11º, acompañado de Nell y Grimmjow, y con Abyss y La Maga como apoyo directo. Tala debía permanecer en la Sociedad de Almas, lista para responder ante cualquier ataque sorpresa.

Shunsui lo anunció con voz solemne:
—La última vez que cruzamos nuestras espadas en Hueco Mundo, fue bajo las sombras de Aizen. Esta vez… puede que estemos frente a algo mucho peor.

Los capitanes asintieron en silencio.

El capitán del 11º miró hacia el cielo nocturno del Seireitei. Allí no había tres soles, pero aún podía sentirlos arder en lo profundo de su alma. El eco del eclipse no lo dejaba en paz.

Sabía que lo que los esperaba en Hueco Mundo no sería solo otra batalla.
Era el inicio de algo que podía devorar la esencia misma de los tres mundos.

miércoles, 1 de octubre de 2025

Capítulo 36: Los Tres Soles

 La sala de reuniones de los capitanes estaba impregnada de tensión. Los pilares de madera crujían bajo la presión espiritual que flotaba en el aire. Nelliel y Grimmjow aguardaban afuera, rodeados de un cordón de tenientes y oficiales, mientras dentro se decidía si vivirían como aliados… o morirían como intrusos.

Los capitanes estaban divididos. Algunos gritaban exigiendo que fueran ejecutados de inmediato; otros, más cautelosos, pedían escuchar lo que tenían que decir.

Shunsui Kyōraku observaba todo en silencio. Finalmente, giró la mirada hacia el recién nombrado Capitán del 11º Escuadrón.
—Y bien… —su voz sonó grave, sin el tono juguetón de siempre—. ¿Qué piensas tú de esto?, Tú viste esto de primera mano...

Las miradas se volcaron hacia él. Tala, en un rincón de la sala, autorizada a estar, ya que era un testigo clave, tragó saliva al ver cómo la atención caía sobre su capitán. La Maga cruzó los brazos, expectante. Abyss lo observaba de reojo, buscando leer algo en su semblante.

El capitán cerró los ojos. En ese instante, el mundo desapareció.


Abrió los ojos en su mundo interior.
Un vasto horizonte oscuro se extendía frente a él, y en lo alto, los tres soles ardían el cielo, pero empezando a eclipsándose lentamente hasta fusionarse en una única esfera de sombra y fuego. El aire vibraba como si el universo mismo contuviera la respiración.

De pronto, una voz resonó. No era una sola, ni dos. Era una voz doble que hablaba como una única voluntad, profunda, inquebrantable.

—La amenaza de los nuevos hollows es inminente.

El capitán se tensó, mirando a su alrededor. Reconocía esas presencias. Eran Hinomaru y Manzachiri, pero ya no hablaban separados, sino unidos como si fueran uno solo.

—El equilibrio se está rompiendo —continuó la voz—. Como una vez el Rey Espiritual dividió los reinos para preservar la armonía, ahora alguien busca revertirlo… fusionar lo que fue separado.

Los soles en el cielo se alinearon del todo, formando un eclipse total. La penumbra lo cubrió todo, y el capitán sintió que la presión lo hundía en un mar sin fondo.

—Si los tres mundos vuelven a unirse —advirtió la voz—, la línea entre vida y muerte desaparecerá. Y todo lo que conoces será devorado por el caos.

La visión tembló, y de pronto, regresó al mundo real.


El capitán jadeó, sentado en el piso apoyando sus manos detrás de él. Todos lo miraban en silencio. Tala dio un paso al frente.
—¿Capitán…?

Fue entonces cuando comprendió lo ocurrido. Sin notarlo, había repetido en voz alta cada palabra de aquella revelación. Su mundo interior lo había hecho hablar.

Los capitanes estaban inmóviles, con rostros que oscilaban entre incredulidad y temor. Incluso Shunsui Kyōraku lo observaba detenidamente bajo el ala de su sombrero.
—Así que… eso es lo que se esconde detrás de estas anomalías.

Uno de los capitanes golpeó la mesa.
—¡Esto es una locura! ¿Cómo sabemos que no fue manipulación de esos arrancar?

Pero otra voz, más mesurada, intervino:
—Si lo que ha dicho es cierto, no se trata solo de Hueco Mundo. Es toda la estructura de nuestra existencia la que está en peligro.

El silencio cayó nuevamente. Shunsui exhaló y clavó la mirada en el capitán del 11º.
—No me gusta, pero no tenemos elección. Debemos actuar antes de que sea demasiado tarde.

La Maga dio un paso al frente, sus ojos afilados.
—Si esto es real, necesitaremos más que nuestras fuerzas. Urahara debe ser contactado inmediatamente. Y todos los aliados posibles deberán estar preparados.

Abyss, con un suspiro impaciente, concluyó:
—Esto no es un problema de Hueco Mundo. Si los reinos comienzan a colapsar, todos caeremos con ellos.

Kyōraku asintió lentamente, mirando a los capitanes reunidos.
—Entonces está decidido. El Gotei 13, Urahara, y… cualquiera dispuesto a luchar. Esta vez no peleamos solo por el Seireitei, sino por la línea que separa los mundos.

La reunión terminó con un silencio pesado, pero el eco de la visión aún vibraba en la mente del nuevo capitán del 11º escuadrón.
Los tres soles eclipsados seguían ardiendo en su memoria… como una advertencia imposible de ignorar.

Capítulo 52: La Fortaleza de la Reina

 El aire del Hueco Mundo se había vuelto espeso, casi sólido. Cada respiración pesaba como si el reishi mismo se negara a fluir. El grupo a...