La sala de reuniones había quedado atrás, pero la tensión no se disipaba. Cada capitán regresaba a su escuadrón con la sombra de aquella revelación pesando sobre sus hombros.
El capitán del 11º escuadrón caminaba en silencio, Tala y Abyss siguiéndolo de cerca. La Maga se había quedado atrás, aún discutiendo con Shunsui sobre las medidas inmediatas.
—Capitán… —la voz de Tala rompió el silencio—. ¿De verdad escuchó todo eso de sus propias zanpakutō?
Él bajó la mirada, pensativo.
—Sí… pero no eran solo Hinomaru y Manzachiri. Esta vez hablaron al unísono, como una sola voz. No entiendo por qué.
Abyss frunció el ceño, cruzando los brazos.
—Un mensaje así no se entrega porque sí. Si tus zanpakutō lo dijeron de esa forma, significa que saben más de lo que muestran.
—Eso es lo que me inquieta —respondió él, apretando el puño— No entiendo por qué mis zanpakutō hablan de lo que está rompiendo ese equilibrio… como si lo recordaran.
El viento del Seireitei sopló fuerte, arrastrando consigo el murmullo de alarma que todavía recorría las divisiones. Los rumores ya se extendían: dos arrancar dentro del corazón de la Sociedad de Almas, el Capitán del 11º profetizando el fin del equilibrio, y la posibilidad de una nueva guerra que no distinguía bandos.
Esa misma noche, una mariposa infernal llegó con un mensaje urgente. Era de Kisuke Urahara.
Los tres capitanes —el del 11º, Abyss y La Maga— se trasladaron al Dangai para establecer contacto. La silueta de Urahara apareció envuelta en sombras, con su habitual sonrisa ladeada.
—Vaya, vaya… parece que las piezas empiezan a encajar. —Su tono era ligero, pero sus ojos estaban cargados de gravedad—. Como ya les adelanté, yo mismo había detectado esas anomalías. Pero no fui el único: en Hueco Mundo, Halibel y sus fracciones vieron cómo los hollows más antiguos se desmoronaban… como si algo los hubiera llamado desde el interior de su propia esencia.
Abyss arqueó una ceja.
—¿Y por eso contactó a Nell y Grimmjow?
—Exactamente. —Urahara se acomodó el sombrero—. Necesitábamos ojos y manos que pudieran moverse allí sin despertar demasiada atención. Pero parece que el “nuevo rey” de Hueco Mundo no se molesta en ocultar su poder.
El capitán del 11º habló por fin, con voz baja.
—Lo que vi en mi mundo interior… confirmaría eso. Si este enemigo quiere unir los tres reinos, Hueco Mundo es solo el primer paso.
La Maga, apoyada en su báculo, chasqueó la lengua.
—Entonces no queda otra opción. Debemos hablar directamente con Halibel. Si ella misma envió a sus hombres aquí, es porque sabe que no podrá contener esto sola.
Urahara asintió, aunque su sonrisa se volvió más oscura.
—Correcto. Pero no crean que Hueco Mundo será un paseo. Si mis sospechas son ciertas, aquello que está despertando no distingue entre hollow, shinigami o humano. Para él… todos somos lo mismo.
El silencio se apoderó del lugar. Por primera vez, incluso Abyss bajó la mirada.
De regreso al Seireitei, la noticia fue clara: se organizaría una expedición al Hueco Mundo. Un grupo reducido, encabezado por el capitán del 11º, acompañado de Nell y Grimmjow, y con Abyss y La Maga como apoyo directo. Tala debía permanecer en la Sociedad de Almas, lista para responder ante cualquier ataque sorpresa.
Shunsui lo anunció con voz solemne:
—La última vez que cruzamos nuestras espadas en Hueco Mundo, fue bajo las sombras de Aizen. Esta vez… puede que estemos frente a algo mucho peor.
Los capitanes asintieron en silencio.
El capitán del 11º miró hacia el cielo nocturno del Seireitei. Allí no había tres soles, pero aún podía sentirlos arder en lo profundo de su alma. El eco del eclipse no lo dejaba en paz.
Sabía que lo que los esperaba en Hueco Mundo no sería solo otra batalla.
Era el inicio de algo que podía devorar la esencia misma de los tres mundos.
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