sábado, 11 de octubre de 2025

Capítulo 41: Ecos del Reishi

  El silencio después del entrenamiento era denso, como si el aire aún conservara las vibraciones del último choque entre padre e hijo.

Kazui estaba sentado en el suelo, con la mano aún apoyada sobre su zanpakutō, respirando con dificultad. El sudor le corría por la frente, pero en su rostro no había derrota, sino una serenidad nueva.

Ichigo observó en silencio, con una media sonrisa.
—Tu reiryoku… se siente distinto. Más estable.

Kazui lo miró confundido.
—¿Distinto?

—Antes solo empujabas tu poder —explicó Ichigo, caminando hacia él—. Ahora… estás empezando a escucharlo.

Kazui bajó la mirada a su espada. Por un instante, creyó oír un murmullo, un eco suave que no venía de afuera, sino desde el interior del acero.
—¿Escucharlo…?

Ichigo asintió.
—La zanpakutō tiene una voz. Y cuando logres entenderla… ya no pelearás solo.

Rukia y los demás observaban desde la distancia. Renji estiró los brazos con una sonrisa.
—Vaya, parece que el mocoso empieza a despertar.

Ichika saltó entusiasmada.
—¡Te dije que ganaría!

Orihime, en cambio, mantenía la mirada fija en Kazui, con un brillo de preocupación.
Había percibido algo en ese último intercambio: una fluctuación extraña en el flujo espiritual de ambos, como si algo —una resonancia desconocida— hubiera respondido a la energía de Kazui.

Esa noche, cuando todos regresaron a casa, Ichigo se quedó un momento mirando el cielo de Karakura desde la ventana.
Las estrellas parecían titilar con un ritmo irregular, y por un segundo, juró ver un reflejo pálido cruzar la luna.

En otro punto de la ciudad, Rukia caminaba junto a Renji y su hija. La capitana sintió una punzada repentina en su pecho, una presión espiritual lejana, pero poderosa.
—¿Lo sentiste? —preguntó Renji, deteniéndose.
—Sí… —respondió ella, mirando hacia el horizonte—. Algo está cambiando.

En el interior del Seireitei, los sensores espirituales comenzaron a registrar perturbaciones mínimas, fluctuaciones de reishi en la frontera entre los mundos.
Técnicos del Departamento de Tecnología Espiritual reportaron la anomalía, sin comprender su origen.

Y, en un rincón del Dangai, donde el tiempo y el espacio se mezclan, una grieta diminuta se abrió, apenas perceptible. De ella, escapó un susurro, una voz quebrada que solo el vacío escuchó:

—El equilibrio… se está rompiendo…

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