El polvo oscuro se elevaba lentamente en Karakura, como si el aire mismo hubiera quedado envenenado. El hollow derrotado no se desintegró en las partículas normales que todos conocían, sino en una especie de ceniza negra que se dispersaba hacia el cielo, girando en espirales que parecían tener voluntad propia.
Los shinigamis se quedaron en silencio.
Renji fue el primero en apretar los dientes.
—…Ese hollow… habló. —Su voz era grave, incrédula.
—Y no balbuceaba —añadió Ichika, aún con el sudor cayendo de su frente—. Lo hacía claro… como si entendiera lo que decía.
Ella tragó saliva, aún con su zampakutō en la mano, intentando parecer firme.
Pero lo que resonaba en su cabeza era la frase del monstruo: “Los mundos deben unirse”.
Kazui miraba el cielo, confundido. Ichigo apoyó una mano sobre su hombro.
—Lo sé —murmuró su padre, sin apartar la vista de los restos oscuros—. Yo tampoco entiendo qué significa. Pero lo que está claro es que ya no estamos lidiando con hollows normales.
Urahara apareció a sus espaldas, abanico en mano y sonrisa forzada.
—Correcto, Kurosaki-kun. Logre analizar sus residuos… y no pertenecen a la energía de un hollow común. Tampoco a la de un shinigami o un Arrancar. —Por un instante, la mirada del ex-capitán se volvió seria, casi fría—. Lo que enfrentaron pertenece a una nueva fuerza.
El silencio se volvió más denso que el aire.
En la sala del 1er escuadrón, Shunsui Kyoraku escuchaba los informes mientras Ichigo, Renji y Rukia, recién llegados a la Sociedad de Almas, discutían en voz baja sobre los jóvenes.
—¡No deberían haber estado ahí! —alzó la voz Renji, golpeando una muralla con su puño—. ¡Ichika pudo haber muerto!
—Lo mismo va para Kazui —añadió Rukia, seria pero con los ojos brillando de miedo contenido—. ¡Son aun muy inexpertos!
Ichigo, con calma tensa, replicó:
—¿De verdad creen que podremos detenerlos? Ustedes recuerdan cómo empezamos. Nadie pudo detenernos a nosotros cuando te vinimos a rescatar, o cuando peleamos con Aizen... o... cuando luchamos contra los Quincy e Yhwach… porque el destino no permite que corramos hacia atrás.
Shunsui intervino, tapando su mirada bajo su sombrero.
—No es cuestión de destino, muchacho… sino de responsabilidad. —Luego, con un tono más suave—. Pero quizás tengas razón. El problema no es si ellos lucharán, sino cómo sobrevivirán cuando lo hagan.
Renji apretó los puños, impotente.
En el 6º escuadrón, Ichika entrenaba con un kido de bajo nivel, sudorosa, moviendo su espada con determinación. A la distancia, Byakuya la observaba en silencio. Su semblante era el mismo de siempre: sereno, imperturbable. Pero en la quietud de sus ojos había una preocupación latente.
Un integrante del Escuadrón lo interrumpió suavemente.
—Capitán… ¿deberíamos detenerla?
—No. —Byakuya habló sin mirarla—. Ella no solo es una Noble. También es la hija del Teniente Renji Abarai. Su herencia no le permitirá retroceder.
El shinigami vaciló.
Byakuya añadió, con una sombra apenas perceptible de emoción:
—Pero también me inquieta algo. En su espíritu late la sangre del 11º escuadrón… y eso puede llevarla a un destino de espada, no de nobleza.
Ese mismo día, en los patios del 6° Escuadrón, Ikkaku la buscó.
La encontró en silencio, aún con la espada en mano.
—Oye, mocosa —dijo sin rodeos—. Ahora eres del 6º Escuadrón, pero nunca olvides que empezaste en mis filas y yo como tu maestro.
—Lo sé… —respondió Ichika, firme pero nerviosa.
—Entonces grábalo en tu corazón —añadió Ikkaku, sonriendo con cierta dureza—. Si alguna vez tu nobleza falla, recuerda: en tus venas corre el filo del 11º, ya que al parecer los nuevos Kuchiki se están empezando a formar en nuestras barracas.
En el cuartel de operaciones, la reunión final reunía a los elegidos.
Los capitanes designados formaban una imagen imponente:
El Capitán del 11º, con la fuerza bruta de su escuadrón como respaldo.
Abyss, silenciosa, envuelta en un nuevo complemento de su uniforme, diseñado especialmente por Urahara.
La Maga, con un pergamino de kido en las manos, el cual se veía algo antiguo, tranquila pero atenta.
Junto a ellos, Nelliel y Grimmjow, los arrancar mandados por Harribel, se mantenían en silencio, aunque sus miradas revelaban la tensión de estar de nuevo frente a shinigamis como aliados.
Shunsui los despidió con voz grave:
—No sabemos si Hueco Mundo será campo de batalla… o tumba. Caminen con cautela.
La garganta se abrió, retorciéndose como una herida en el aire.
Los expedicionarios avanzaron.
Al otro lado, el desierto de Hueco Mundo no era el mismo que recordaban.
Torres de obsidiana surgían del horizonte, alargadas como agujas que parecían sangrar sombra. La arena brillaba con un reflejo rojizo, como si palpitara con vida propia.
Y a lo lejos, marchando en formación perfecta, Gillians… no erráticos como antes, sino organizados como un ejército.
La Maga frunció el ceño.
—Esto no es Hueco Mundo. Es algo que lo está devorando desde dentro.
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