La noche en Karakura estaba inquietantemente tranquila. Ni un solo hollow rondaba las calles, como si el mismo aire aguardara en silencio. Dentro de la tienda de Urahara, las luces estaban encendidas y las sombras de varias figuras se proyectaban sobre los biombos de papel.
Urahara, abanico en mano, hablaba con su tono ligero, pero sus ojos escondían una seriedad poco habitual.
—Para este punto, el escuadrón de avanzada ya debería haber ingresado en Hueco Mundo. Capitaneados por los más aptos para ese terreno, y acompañados de Nelliel y Grimmjow —explicó—. Los viejos compañeros quizá no estén en su mejor momento físico… pero créanme, la experiencia cuenta más de lo que creen.
Orihime apretó las manos sobre su regazo, sin dejar de mirar a Ichigo, que se mantenía de pie, rígido, con esa mezcla de impaciencia y preocupación que le era tan característica.
—No pienso quedarme de brazos cruzados —dijo Ichigo, con voz baja pero firme—. Kazui es fuerte, pero aún es un niño. No lo dejaré arriesgarse.
Kazui, sentado en las escaleras, se levantó de golpe.
—¡Soy un shinigami, papá! —su voz resonó, cargada de emoción y orgullo—. ¡Ese poder corre por mi sangre! Si te lanzas a luchar sin mí, ¿cómo esperas que me convierta en alguien digno de ese mismo legado?
El ambiente se tensó. Ichigo giró bruscamente hacia él, dispuesto a frenarlo con palabras que sonaban más a rugido que a consejo, pero Urahara levantó una mano, interponiéndose entre ambos.
—Kurosaki-kun, deja que termine —interrumpió suavemente, aunque sus ojos estaban afilados como cuchillas—. Vamos a necesitar toda la ayuda posible. Incluso la que no esperábamos.
Ichigo lo miró con incredulidad.
—¿Estás diciendo que…?
—Así es —Urahara cerró el abanico—. Por eso llamé a Chad y a Ishida. Este no es un problema que deban cargar solos. El mundo entero podría verse afectado.
Justo entonces, la puerta corrediza se abrió con un golpe seco.
Rukia entró con la misma elegancia de siempre, Renji tras ella con paso seguro, e Ichika cerrando el trío, con su uniforme, esta vez, bien ajustado y el cabello recogido con firmeza.
—Tardamos demasiado —dijo Rukia, mirando a Ichika algo molesta.
—Pero llegamos a tiempo —añadió Renji, posando una mano en el hombro Rukia.
Ichika miró a Kazui con complicidad, como si las palabras sobraran. Ambos sabían que estarían lado a lado en lo que venía.
Orihime contuvo la respiración. Yuzu y Karin, que habían ido a apoyar discretamente a su hermano, se miraron entre sí sin atreverse a interrumpir.
Todo parecía alinearse para un último reencuentro del antiguo equipo… pero con un giro inesperado.
Al salir de la tienda, para despedir a Yuzu y Karin, quien debían volver a la clínica, una silueta los esperaba frente a la calle iluminada por faroles. Era una mujer de porte sereno, con rasgos refinados, y a su lado un muchacho de cabello oscuro, algo más joven que Ichika y Kazui.
El chico clavó los ojos en Uryū, y dio un paso al frente.
—Sé que aún soy demasiado joven para luchar a tu lado, padre… —su voz tembló apenas, pero cada palabra pesaba—. Pero prométeme que volverás. Que seguirás entrenándome para convertirme en un Quincy, como tú… y como el abuelo.
El silencio fue absoluto.
Todos voltearon, sorprendidos. Nadie, ni siquiera Ichigo, sabía que Uryū había tenido un hijo.
Ichigo entrecerró los ojos. Renji levantó una ceja incrédulo. Rukia apenas pudo ocultar el impacto. Incluso Urahara dejó caer el abanico, sonriendo con esa mezcla de misterio y satisfacción que solo mostraba cuando los secretos salían a la luz.
Uryū, serio, apoyó una mano en el hombro del muchacho.
—Lo prometo. Pero ahora no es tu momento.
El chico bajó la cabeza, aceptando, aunque sus puños seguían apretados con fuerza.
Ichika susurró para sí misma:
—Entonces… la nueva generación no solo somos nosotros dos.
El grupo entero entro al antiguo sótano la tienda. Frente a ellos, la garganta que los llevaría a Hueco Mundo empezaba a abrirse, resplandeciendo como un ojo blanco en medio de la oscuridad.
El aire vibraba con una mezcla de nostalgia y anticipación. Viejos camaradas, nuevos herederos, y un enemigo desconocido aguardando al otro lado.
La última misión, el cruce de legados, estaba a punto de comenzar.
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