miércoles, 8 de octubre de 2025

Capítulo 39: Viejos Amigos, Nuevas Generaciones

La puerta de la clínica Kurosaki se abrió suavemente. El aroma a desinfectante se mezclaba con el murmullo de pacientes y enfermeras.

—Disculpe, estamos llenos por hoy… —dijo una voz femenina desde el mostrador.
La mujer levantó la vista y sus ojos se abrieron como platos.
—¿Rukia?

Rukia parpadeó sorprendida. Aquella mujer, con cabello castaño claro y una calidez inconfundible, corrió a abrazarla.
—¡Eres tú! ¡De verdad eres tú! —exclamó con lágrimas contenidas.
—¿Yuzu? —susurró Rukia, correspondiendo el abrazo con un nudo en la garganta.

El momento fue interrumpido por una voz ronca y algo cansada.
—¿Qué tanto ruido? Les dije que estamos llenos, y aún tengo que entregar una traducción mañana temprano… —Ichigo apareció en la entrada del pasillo, su cabello naranja ya mostrando mechones más claros, arrugas en el rostro.

Sus ojos se encontraron con los de Rukia. El tiempo se detuvo. Ella, con los ojos brillando, apenas pudo decir:
—Hola…

Ichigo tragó saliva, sin necesidad de más palabras.

En la sala principal, Orihime servía té mientras escuchaba el relato de Rukia. Su rostro, aunque aún dulce y sereno, reflejaba preocupación profunda.
—Entonces… ¿todo esto ya comenzó otra vez? —preguntó, sus manos apretando la taza con fuerza.

Rukia asintió en silencio. Y en ese momento, un torbellino pasó corriendo por el pasillo. Un chico de bata blanca, con cabello revuelto y energía desbordante, iba de un lado a otro cargando papeles médicos y notas.

—¿Kazui…? —murmuró Rukia, con una sonrisa contenida.
Orihime asintió con orgullo.
—Sí. Eligió seguir los pasos de su abuelo. Salva tanto a vivos como a las almas.

Ichigo bufó, cruzándose de brazos.
—Pero no está loco como él.

Rukia iba a responder, pero un peluche saltó desde un estante directo hacia ella.
—¡¡RUKIAAAA!! ¡Al fin regresaste a vermeee!
La mano de Rukia se estrelló contra la cara del león de felpa, deteniéndolo en seco.
—También me da gusto verte, Kon… —dijo con tono seco.

Ichigo se apoyó en la pared, mirando a Rukia con seriedad.
—Urahara ya me habia contado algo. Quiere que ayude. Pero… —suspiró— estoy viejo. Mi tiempo ya pasó. Esta vez, paso.

El silencio llenó la sala, roto solo por la voz juvenil de Kazui. El chico se había detenido, escuchando todo desde el marco de la puerta.
—Ichika me contó lo que está pasando en el Seireitei… y en Hueco Mundo. Quiero ayudar.

—¡Ni hablar! —exclamó Orihime, poniéndose de pie.
Kazui no retrocedió. Ichigo lo miró en silencio, y al cabo de unos segundos, sonrió de medio lado.
—Está bien. Yo me encargo de la clínica. Pero vuelves vivo.

Orihime y Rukia abrieron los ojos como platos.
—¿¡Lo dejarás ir así como así!? —preguntó Rukia, incrédula.

Ichigo se encogió de hombros.
—Claro que no. Primero tendrá que ganarme.

Kazui apretó los puños con firmeza, su mirada ardiendo.
—Estoy listo.

Orihime lo miró con lágrimas contenidas.
—¿Estás seguro, Kazui?

Él sonrió, decidido.
—No soy solo el hijo del Legendario Shinigami Sustituto. También soy un Shiba… y un Kurosaki.

Rukia lo observó con atención. Y en ese instante, en Kazui no solo vio al Ichigo joven que corria hacia el peligro... vio la fuerza de Isshin que nunca se rendia y la pasión de Kaien con ese mismo brillo indomable que alguna vez la guio hasta donde esta ahora.

El futuro estaba frente a ella. Y la nueva generación estaba lista para heredar la guerra que se avecinaba.

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