miércoles, 1 de octubre de 2025

Capítulo 36: Los Tres Soles

 La sala de reuniones de los capitanes estaba impregnada de tensión. Los pilares de madera crujían bajo la presión espiritual que flotaba en el aire. Nelliel y Grimmjow aguardaban afuera, rodeados de un cordón de tenientes y oficiales, mientras dentro se decidía si vivirían como aliados… o morirían como intrusos.

Los capitanes estaban divididos. Algunos gritaban exigiendo que fueran ejecutados de inmediato; otros, más cautelosos, pedían escuchar lo que tenían que decir.

Shunsui Kyōraku observaba todo en silencio. Finalmente, giró la mirada hacia el recién nombrado Capitán del 11º Escuadrón.
—Y bien… —su voz sonó grave, sin el tono juguetón de siempre—. ¿Qué piensas tú de esto?, Tú viste esto de primera mano...

Las miradas se volcaron hacia él. Tala, en un rincón de la sala, autorizada a estar, ya que era un testigo clave, tragó saliva al ver cómo la atención caía sobre su capitán. La Maga cruzó los brazos, expectante. Abyss lo observaba de reojo, buscando leer algo en su semblante.

El capitán cerró los ojos. En ese instante, el mundo desapareció.


Abrió los ojos en su mundo interior.
Un vasto horizonte oscuro se extendía frente a él, y en lo alto, los tres soles ardían el cielo, pero empezando a eclipsándose lentamente hasta fusionarse en una única esfera de sombra y fuego. El aire vibraba como si el universo mismo contuviera la respiración.

De pronto, una voz resonó. No era una sola, ni dos. Era una voz doble que hablaba como una única voluntad, profunda, inquebrantable.

—La amenaza de los nuevos hollows es inminente.

El capitán se tensó, mirando a su alrededor. Reconocía esas presencias. Eran Hinomaru y Manzachiri, pero ya no hablaban separados, sino unidos como si fueran uno solo.

—El equilibrio se está rompiendo —continuó la voz—. Como una vez el Rey Espiritual dividió los reinos para preservar la armonía, ahora alguien busca revertirlo… fusionar lo que fue separado.

Los soles en el cielo se alinearon del todo, formando un eclipse total. La penumbra lo cubrió todo, y el capitán sintió que la presión lo hundía en un mar sin fondo.

—Si los tres mundos vuelven a unirse —advirtió la voz—, la línea entre vida y muerte desaparecerá. Y todo lo que conoces será devorado por el caos.

La visión tembló, y de pronto, regresó al mundo real.


El capitán jadeó, sentado en el piso apoyando sus manos detrás de él. Todos lo miraban en silencio. Tala dio un paso al frente.
—¿Capitán…?

Fue entonces cuando comprendió lo ocurrido. Sin notarlo, había repetido en voz alta cada palabra de aquella revelación. Su mundo interior lo había hecho hablar.

Los capitanes estaban inmóviles, con rostros que oscilaban entre incredulidad y temor. Incluso Shunsui Kyōraku lo observaba detenidamente bajo el ala de su sombrero.
—Así que… eso es lo que se esconde detrás de estas anomalías.

Uno de los capitanes golpeó la mesa.
—¡Esto es una locura! ¿Cómo sabemos que no fue manipulación de esos arrancar?

Pero otra voz, más mesurada, intervino:
—Si lo que ha dicho es cierto, no se trata solo de Hueco Mundo. Es toda la estructura de nuestra existencia la que está en peligro.

El silencio cayó nuevamente. Shunsui exhaló y clavó la mirada en el capitán del 11º.
—No me gusta, pero no tenemos elección. Debemos actuar antes de que sea demasiado tarde.

La Maga dio un paso al frente, sus ojos afilados.
—Si esto es real, necesitaremos más que nuestras fuerzas. Urahara debe ser contactado inmediatamente. Y todos los aliados posibles deberán estar preparados.

Abyss, con un suspiro impaciente, concluyó:
—Esto no es un problema de Hueco Mundo. Si los reinos comienzan a colapsar, todos caeremos con ellos.

Kyōraku asintió lentamente, mirando a los capitanes reunidos.
—Entonces está decidido. El Gotei 13, Urahara, y… cualquiera dispuesto a luchar. Esta vez no peleamos solo por el Seireitei, sino por la línea que separa los mundos.

La reunión terminó con un silencio pesado, pero el eco de la visión aún vibraba en la mente del nuevo capitán del 11º escuadrón.
Los tres soles eclipsados seguían ardiendo en su memoria… como una advertencia imposible de ignorar.

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