lunes, 29 de septiembre de 2025

Capítulo 35: Sombras del Hueco Mundo

 La alarma aún resonaba en todo el Seireitei. La garganta permanecía abierta, y las dos figuras que habían emergido avanzaron lentamente hacia el suelo, su reiryoku pesado como una tormenta.

Los shinigamis rodearon la zona, espadas en mano. Incluso Shunsui Kyōraku, con todo su habitual relajo, esta vez sostenía con firmeza la empuñadura de sus zanpakutōs.
—Ni siquiera en los peores días de Aizen los arrancar se atrevieron a poner un pie aquí… —murmuró, con el sombrero cubriéndole los ojos.

El aire se volvió insoportablemente denso. Los soldados del Seireitei apenas lograban sostener su postura bajo aquella presión espiritual. El murmullo inquieto recorrió las filas, pero ninguno se atrevía a dar un paso atrás.

Entonces, una de las figuras dio un paso al frente. La brisa del reishi agitó su melena verde, brillante como esmeralda bajo la luz del Seireitei.
—No hemos venido a luchar. —Su voz fue clara, solemne, y el peso de su presencia obligó a más de uno a contener la respiración—. Soy Nelliel Tu Odelschwanck.

La segunda figura dejó escapar una risa baja, ronca, cargada de amenaza.
—Y yo soy Grimmjow Jaegerjaquez. —Su mirada felina recorrió a los shinigamis como si fuesen presas—. No estamos aquí para pedir permiso… pero tampoco para matarlos.

Kyōraku ladeó la cabeza, con el sombrero ocultando su vista. Aunque su voz sonó relajada, sus dedos permanecían tensos en las empuñaduras.
—Eso está por verse…

Los tenientes y capitanes presentes intercambiaron miradas nerviosas. El simple recuerdo de la última vez que aquellos nombres resonaron en la Sociedad de Almas bastaba para helar la sangre.

Nelliel levantó ambas manos, gesto inusual de conciliación en alguien de su raza.
—Urahara Kisuke nos contactó. Nos habló de anomalías que ustedes también han presenciado. Harribel, nuestra reina, nos dio la orden de venir aquí.

El nombre de la reina del Hueco Mundo cayó con un peso terrible. Muchos shinigamis contuvieron el aliento: no era un enemigo menor quien enviaba a esos dos.

Nelliel continuó:
—En Hueco Mundo, Hollows extraños están apareciendo… obedecen a un nuevo rey. No son como nosotros, ni como las criaturas que alguna vez conocieron. Devoran a los más débiles, como todo ciclo, pero algunos que sobreviven se deforman, mutan en algo más salvaje y peligroso. Harribel y otros Arrancar aún combaten para contenerlos, pero la situación empeora día tras día.

Su mirada recorrió a los capitanes frente a ella, sin rastro de arrogancia.
—Nosotros vinimos a confirmar la naturaleza de esta amenaza. Y si ustedes también la enfrentan, necesitamos respuestas.

Grimmjow dio un paso adelante, su sonrisa salvaje resplandeciendo con fiereza.
—No malinterpreten nada. No venimos buscando amistad ni piedad. Vinimos porque nos interesa sobrevivir. Y si para eso tenemos que arrancarles información, lo haremos.

Un murmullo furioso recorrió a los shinigamis. Las manos se tensaron sobre las empuñaduras de sus zanpakutō, el ambiente a punto de estallar.

Kyōraku levantó una mano, pidiendo silencio, pero su mirada estaba más serios que nunca.
—Es curioso… antes de la batalla contra Yhwach nos matábamos los unos a los otros. Y ahora ustedes aparecen aquí, proclamando que su reina los envía como mensajeros de paz.

Nelliel sostuvo su mirada sin vacilar.
—No es paz lo que buscamos, Shinigami. Es supervivencia.

Por un instante, todo el Seireitei quedó atrapado en ese silencio cargado de tensión.

Porque esta no era la primera vez que enemigos irreconciliables se encontraban en un mismo frente.
No era la primera vez que shinigamis y arrancar combatían en el mismo suelo, unidos por una amenaza que superaba su odio mutuo.

Las memorias de la guerra contra Yhwach se proyectaron en la mente de muchos. Allí, donde las líneas de enemigo y aliado se distorsionaron, habían aprendido que a veces la única forma de vencer era compartir la misma espada contra un enemigo mayor.

El eco de esa certeza quedó grabado en todos: lo que alguna vez ocurrió por necesidad, podía repetirse.
La diferencia era que ahora, la guerra se trasladaba al corazón mismo del Hueco Mundo.

Y mientras Nelliel y Grimmjow permanecían en pie, bajo la mirada de todo el Seireitei, la pregunta era inevitable:
¿Sería esta alianza forzada la única esperanza para detener al nuevo rey de las sombras?

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Capítulo 52: La Fortaleza de la Reina

 El aire del Hueco Mundo se había vuelto espeso, casi sólido. Cada respiración pesaba como si el reishi mismo se negara a fluir. El grupo a...