La sala de reuniones de la Primera División estaba impregnada de solemnidad. Los capitanes formaban un círculo alrededor de la mesa central. Shunsui Kyōraku, con su sombrero ladeado y expresión grave, abrió la sesión con voz tranquila pero cargada de peso:
—Bien… escuchemos el reporte.
El Capitán del 11° Escuadrón dio un paso al frente. Su presencia imponía silencio.
—Lo que enfrentamos no era un Hollow común. —Su tono era firme, casi cortante—. Al destruir su máscara, algo más intentó ocupar su cuerpo. No fue simple regeneración… era otra energía, otro espíritu. Dos fuerzas chocando por el mismo cascarón.
Un murmullo se propagó entre los presentes.
Mayuri se adelantó con su habitual sonrisa torcida.
—Interesante… una anomalía. Normalmente, los Hollows devoran a otros para fortalecerse, pero solo uno mantiene la dominancia. Dos entidades coexistiendo… eso es, cómo decirlo, ¿antinatural? —se relamió los labios como si ya pensara en diseccionar uno.
Hitsugaya frunció el ceño, brazos cruzados.
—No es solo ciencia, Kurotsuchi. Si esas criaturas siguen apareciendo, puede significar que alguien está rompiendo el ciclo de almas.
La Maga habló con calma, aunque sus palabras pesaban más que una sentencia:
—Incluso los heridos que atendí estaban afectados. La presión espiritual alrededor del Hollow se volvió inestable, casi corrosivo. No es una mutación casual.
Abyss, casi apoyada contra la pared, sonrió con ironía.
—Lo que vimos no era un monstruo luchando por sobrevivir. Era como si alguien más quisiera salir… una segunda máscara, un segundo grito.
Shunsui los miro con una expresión seca.
—Entonces no podemos ignorarlo. Si hay manos externas en esto, debemos averiguar quién juega con los Hollows.
Todos guardaron silencio. Fue el Capitán del 11° quien preguntó lo que todos pensaban:
—¿A quién recurrimos?
Kyōraku suspiró.
—A quien siempre mete la nariz en estos asuntos… Kisuke Urahara.
Tres figuras se materializaron en el Mundo Humano: el Capitán del 11°, Abyss y La Maga. La presencia de los tres se mantenía discreta, oculta a los humanos.
En una tienda aparentemente común, Kisuke Urahara los recibió con su sonrisa eterna, abanico en mano.
—Ara, ara… qué sorpresa tener visitantes tan distinguidos. ¿A qué debo este honor?
El Capitán del 11° fue directo.
—Sabes por qué estamos aquí. Hollows con dos presencias espirituales. Uno casi tomó otra forma frente a nosotros.
Los ojos de Urahara brillaron con interés, aunque no perdió su tono burlón.
—Hmmm… lo suponía. —Cerró el abanico y su voz bajó—. Antes de que ustedes llegaran, ya había decidido investigar esas anomalías por mi cuenta. Algo en el flujo del reishi en Karakura no encaja.
La Maga lo interrumpió, seria:
—¿Sabes qué es exactamente?
Urahara ladeó la cabeza, sombrío.
—Si un Hollow logra sostener dos consciencias, significa que alguien está alterando la base misma de su existencia. No es evolución… es manipulación.
Abyss arqueó una ceja.
—¿Y quién tendría el poder de hacer algo así?
Urahara sonrió de nuevo, aunque sin alegría.
—Si quieren respuestas, solo hay una que podría dárselas. La actual soberana del Hueco Mundo… Tier Halibel.
El Capitán del 11° asintió lentamente.
—Entonces iremos a verla.
Cuando los tres se desvanecieron en el aire rumbo a la Sociedad de Almas, Urahara se quedó solo, apoyado en su bastón. Por primera vez, dejó caer la sonrisa.
—…Hora de pedir un poco más de ayuda.
De vuelta en la sala de reuniones, Shunsui escuchó el informe de los tres. Tras un largo silencio, sentenció:
—Entonces está decidido. Abyss, Maga y tú —miró al Capitán del 11°—. Irán al Hueco Mundo. Hablen con Halibel, investiguen lo que está ocurriendo… y regresen vivos.
El eco de esas últimas palabras retumbó en la sala.
Apenas la reunión terminó, una alarma sacudió todo el Seireitei. Una garganta se abrió de golpe sobre el cielo, desgarrando el espacio como un tajo negro. Las divisiones se movilizaron de inmediato.
De su interior emergieron dos figuras humanoides, caminando con paso firme. La energía era inconfundible: Arrancar.
Los shinigamis se tensaron, listos para combatir.
Pero había algo distinto… esas presencias no eran hostiles.
Las dos siluetas se quedaron en silencio frente a los capitanes reunidos.
El Seireitei entero aguardaba, sin saber aún quiénes eran esos inesperados visitantes.
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