La misión había sido planteada como un simple reconocimiento.
El Capitán del 11° Escuadrón caminaba al frente, con sus zampakutōs, una en cada lado, mientras Tala, su teniente, marchaba a su lado. Detrás, Abyss del 2° Escuadrón y La Maga del 4° cerraban la formación, ambas acompañadas de sus respectivos tenientes.
Venían de otra operación en la que múltiples gargantas se habían abierto en un sector humano. Apenas habían terminado de derrotar a los Hollows provenientes de ellas. cuando una nueva presión espiritual, densa y salvaje, volvió a surgir en los alrededores. Era inusual… demasiado.
Todos vestían su uniforme de siempre, aunque Tala llevaba un detalle diferente: un adorno en el cabello, un broche sencillo pero elegante, con el emblema Kuchiki grabado. Llamaba la atención precisamente porque ella casi nunca mostraba nada que la ligara a su linaje.
El Capitán del 11° Escuadrón giró un poco la cabeza hacia ella.
—…Ese accesorio no lo llevas nunca. ¿Por qué ahora?
Tala apretó los labios, como si le incomodara la pregunta.
—Me lo regaló Byakuya-dono… y prácticamente me obligaron a usarlo.
Abyss sonrió con sorna, aunque sin malicia.
—Se te ve lindo. Ya era hora de que tu cabello estuviera un poco más ordenado.
Tala se giró bruscamente, con un leve rubor en las mejillas y el ceño fruncido.
—¡No lo uso por vanidad! ¡Es solo una formalidad de la familia Kuchiki!
El Capitán insistió, ladeando la mirada hacia ella.
—Pero si a ti no te gusta usar nada de la familia Kuchiki… ¿por qué este sí?
El silencio se extendió unos segundos. Tala bajó un poco la vista, su voz sonó más baja de lo normal.
—Porque fue un regalo por mi nombramiento como teniente. Byakuya-dono dijo que perteneció a mi madre.
Las palabras cayeron pesadas. Nadie respondió de inmediato. Ni Abyss con sus burlas ni el Capitán con su voz recia. La Maga fue la única que habló, suavizando el momento.
—Qué bueno que lo estés usando… ella debe estar feliz de verte con él.
Tala apenas alcanzó a abrir la boca, cuando el cielo se desgarró.
Varias gargantas comenzaron a abrirse al mismo tiempo, rompiendo el aire con un estruendo seco y aterrador. Una tras otra, como heridas negras, se desplegaron hasta formar un círculo alrededor del grupo.
De ellas comenzaron a aparecer Hollows. No eran aislados ni torpes: se movían en manada, con un orden casi militar, rodeando a los shinigamis con precisión.
El Capitán del 11° Escuadrón frunció el ceño, adelantándose con una sonrisa fiera.
—Así que quieren jugar en grupo… perfecto.
Tala no esperó órdenes. Su instinto fue más rápido: desenvainó y se lanzó contra los primeros Hollows que cargaban hacia un grupo de humanos.
Ellos no veían nada. Solo corrían despavoridos porque a su alrededor la gente caía muerta sin explicación alguna. Entre ellos, una pequeña niña era la única que veía claramente a las monstruosas figuras que los acosaban. Su terror era absoluto, incapaz de gritar o de moverse.
Tala apareció justo frente a uno de los Hollows que iba directo a ella. Con un movimiento seco cortó el brazo del monstruo y lo derribó de un tajo. Luego giró hacia la niña y le señalo con la mano.
—Corre.
La niña no se movió, paralizada por el miedo. Tala apretó los dientes, furiosa contra sí misma.
—¡Te dije que corras!
El Capitán apareció a su lado, bloqueando el ataque de otro Hollow.
—No te adelantes tanto, Tala. ¡Tu vida vale más que tu orgullo!
Abyss se sumó al combate con un movimiento elegante y letal. Su zampakutō destelló con rapidez, segando la máscara de un hollow que intentaba flanquearlos.
—Tsk… siempre impulsiva, Kuchiki. Un día vas a correr más rápido hacia tu tumba que hacia la gloria.
Mientras tanto, La Maga estaba detrás, erigiendo barreras de kidō para proteger a los humanos. Sus manos brillaban con fórmulas complejas mientras curaba a los heridos que caían por la presión espiritual.
—¡Chicos, mantengan la línea! Los humanos no resistirán mucho más toda la presión espiritual de todos los Hollows.
El combate fue brutal, pero la coordinación de los capitanes fue suficiente para reducir la manada. Los Hollows caían uno tras otro, hasta que solo quedó uno... al parecer su líder.
Era más grande, con una máscara astillada por los golpes, pero no se desintegró de inmediato tras recibir el último corte. Desde el hueco de su pecho, una masa oscura emergió, como si otra entidad intentara apoderarse de él. Su máscara rota comenzó a regenerarse, pero no era la misma: adquiría otra forma, más siniestra, como si una segunda presencia luchara por tomar el control.
Los tres capitanes reaccionaron instintivamente. El del 11° fue el más rápido: con un corte feroz atravesó el cuerpo del Hollow y destrozó esa masa antes de que pudiera materializarse por completo.
El monstruo lanzó un alarido gutural antes de finalmente desvanecerse en polvo.
Por un instante nadie habló. La tensión era pesada, distinta a cualquier batalla que hubiesen vivido.
El Capitán del 11° bajó su espada lentamente.
—…Eso no era un Hollow normal.
La Maga frunció el ceño, su voz grave.
—Era como si hubiera dos energías luchando dentro de él… dos máscaras intentando dominarse entre sí.
Abyss entrecerró los ojos, pensativa.
—Los Hollows se devoran unos a otros para evolucionar. Pero al final, siempre hay un alma que domina sobre las demás. Lo que vimos… es casi imposible.
El silencio regresó, más pesado que antes.
Por primera vez en mucho tiempo, los tres capitanes sintieron una duda inquietante. Algo nuevo estaba ocurriendo en el equilibrio de las almas, y no podían ignorarlo.
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