miércoles, 3 de septiembre de 2025

Capítulo 24: El otro monstruo

La patrulla del 11° Escuadrón cruzó el Senkaimon hacia el Mundo Humano como cualquier día de cacería.

El Capitán al frente, con su haori agitándose en el viento, Hinomaru en la cintura y Manzachiri enfundado sobre su espalda como una sombra.

Pero apenas emergieron, algo se sintió mal.
El aire estaba cargado, espeso.
Un reiatsu oscuro y pesado oprimía sus pulmones.

Frente a ellos, entre ruinas y polvo, un Hollow enorme se alzaba.
Su máscara blanca estaba partida por líneas rojas como cicatrices.
Su cuerpo era alargado y afilado, y su reiatsu era como un manto de brea hirviendo.

El Capitán no dudó:

—No retrocedan.
—Esto es trabajo del 11° Escuadrón.

El escuadrón rugió, desenvainando.
Algunos sonrieron: el terror era parte del encanto.
El choque fue inmediato.

Garras contra acero.
Ceros negros que partían el pavimento.
El grito de los shinigami mezclado con carcajadas salvajes.

Pero el Hollow no era uno común.
Su poder rivalizaba con un Vasto Lorde.
Y en un instante, derribó al Capitán de un solo zarpazo, lanzándolo contra un edificio.

Su cuerpo dejó grietas al caer.
Hinomaru, aun como un simple bokken, salió disparada de su mano y se hundió metros más allá.

Intentó levantarse, jadeante.
El Hollow ya estaba cargando otro Cero, un relámpago negro chisporroteando en su boca.

El Capitán estiró la mano hacia Hinomaru, pero estaba demasiado lejos.
Y en su mente, algo latía.
Oscuro.
Vivo.
La voz profunda y antigua de Manzachiri resonó como un tambor:

"¿Vas a morir aquí?"
"¿Otra vez ignorándome?"
"Libérame."

Su espalda ardía.
El reiatsu negro manaba, inquieto.

Ikkaku gritó a lo lejos:

—¡Muévete, maldito! ¡Te va a volar la cabeza!

Pero el Capitán no respondió.
Solo bajó la mano y asió la empuñadura en su espalda.
El reiatsu de su escuadrón se contuvo.
Sabían lo que iba a hacer.
Y no podían detenerlo.

La vaina de Manzachiri supuró brea espiritual, corroyendo el suelo.
Su voz fue un susurro cargado de ira contenida:

—Al morir... nació la vida...
—Resucita, Manzachiri.

La vaina se quebró como un capullo, dejando escapar el filo dividido.
Dos hojas unidas por un mango central en ángulo recto.
Espadas Dobles... fauces gemelas. Una en cada mano.
El reiatsu brotó como un vómito de oscuridad líquida.

El Hollow detuvo su Cero por un instante, estremecido.
Incluso esa bestia podía sentirlo: puro instinto asesino.

Todo su escuadrón dio un paso atrás.
Algunos temblaron.
Incluso Ikkaku apretó los dientes.

Yumichika murmuró, con horror y fascinación:

—Tan vulgar... y tan hermoso...

El Capitán respiró hondo.
Sus ojos ardían.
Los tentáculos de reiatsu negro emergieron de sus hojas, retorciéndose como serpientes.

—¡Ven!

El Hollow rugió y lanzó el Cero.
Él giró con las hojas cruzadas.
El impacto iluminó la calle en relámpagos oscuros.
El pavimento se hizo trizas.

Pero él permaneció de pie.
Ileso.
El filo de Manzachiri goteaba brea ardiente.

—Te mostraré... por qué soy su Capitán.

Se impulsó hacia adelante con velocidad brutal.
La hoja mayor chocó con el brazo del Hollow.
La menor cortó a la altura del codo, haciendo saltar sangre negra.

El Hollow gritó.
Pero no pudo huir.

El Capitán lo atravesó de lado a lado.
El reiatsu del Hollow se disipaba mientras Manzachiri lo devoraba.
Su máscara se quebró.
Intentó gritar, formar otro Cero.
El Capitán le hundió la hoja en la boca.
El sonido murió con un chasquido húmedo.

Silencio.
Solo el viento moviendo el polvo.
Y la brea negra que goteaba de su arma.

Se enderezó, respirando con dificultad.
El reiatsu de Manzachiri aún palpitaba, pesado y hambriento.

Todos lo miraban.
Algunos con miedo.
Otros con respeto.
Nadie habló.

Ikkaku escupió al suelo.
Caminó al frente.

—Así que esa es tu maldita otra cara.
—Con razón te eligieron.
—...Y también la razón por la que nadie más puede ser Capitán aquí.

El Capitán bajó la vista.
Manzachiri callaba.
Satisfecha.

Envainó las hojas, que se fusionaron como una herida cerrándose.
Su reiatsu se contrajo.
El aire volvió a moverse.

Yumichika habló, con una media sonrisa torcida:

—Tan grotesco y poderoso... tan adecuado para el Escuadrón 11.

El Capitán los miró.
Sus ojos quemaban de cansancio.
Pero su voz fue firme:

—Entrenaremos más duro.
—Porque si un día...
—...soy yo el Hollow al que deban detener...
—Quiero que puedan hacerlo.

El escuadrón permaneció en silencio.
Asintieron.
No hubo risas.
Ni burlas.
Solo aceptación.

Finalmente, en ese momento...
vieron cual era la cara que su Capitán tanto temía.

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