lunes, 1 de septiembre de 2025

Capítulo 23: Más que Fuerza

 El sol apenas iluminaba el patio.

Polvo, grietas, ecos de entrenamiento.

Ikaku estaba allí, sudando, su reiatsu vibrando con cada corte.
Yumichika a un lado, sentado con la espalda recta, puliendo su zanpakutō mientras admiraba su reflejo.

El Capitán los vio.
Avanzó hasta quedar frente a ellos.

Silencio.
Pesado.

—Ikaku —dijo con voz firme—.
—Necesito que regreses a ser el teniente del escuadrón.

Ikaku ni siquiera lo miró.
Se limitó a limpiar su hoja, con el ceño fruncido.

—Yumichika —gruñó—. Vámonos.

Ambos se giraron para irse.

El Capitán entrecerró los ojos.
Su reiatsu se encendió como brasas al viento.

—¡Te di una orden! —tronó, su voz retumbando por todo el patio—.
—¡TE DIJE QUE VUELVAS A SER EL TENIENTE!

Ikaku se detuvo en seco.
Volteó.

Su mirada era puro filo.

—¿Quién demonios crees que eres para darme órdenes así?

El aire se tensó.
Yumichika suspiró, sin apartar la vista de su espada.

—Nuestro Capitán —dijo con calma, como quien comenta el clima.

Ikaku bajó apenas los hombros.
Exhaló.

—Hmph.

Se acercó un paso.

—Rechacé el puesto de Capitán cuando el Capitán Comandante me lo ofreció, renunciando incluso a mi puesto de teniente al saber que llegaría un nuevo Capitán.
—Sabes por qué.
—El Teniente no es solo el segundo más fuerte.

Lo apuntó con la zanpakutō.

—Es la persona en quien más confías.
—La que pones tu vida en sus manos sin dudar.
—El corazón y los ojos del Capitán.

Recordó algo, apenas ladeando la cabeza.

—La teniente antes que yo... era solo una mocosa.
—Pero era más destructiva que cualquiera aquí.
—Y fue los ojos y el corazón del Capitán Kempachi

Ikaku bajó el arma.

—Encuentra al tuyo.
—Alguien con un corazón tan puro como el tuyo.

Se dio la vuelta.
Yumichika se levantó con elegancia, le echó una última mirada al Capitán y se encogió de hombros.

—No está mal para ser un discurso de Ikaku.

Ambos se fueron.
Silencio otra vez.

El Capitán se quedó allí.
Miró al cielo.
El haori ondeaba, pesado.

—Quién diría... —murmuró.
—Que el viejo teniente me daría lecciones a mí.

Apoyó la mano en la empuñadura de Hinomaru.
Cerró los ojos.

—Aún me falta mucho por aprender.
—Pero lo haré.
—Voy a ser el mejor.
—El que pueda guiarlos a la próxima batalla... y traerlos de vuelta.

El viento sopló.
No se escuchó nada más.
Solo el eco de una promesa.

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