Con el tiempo, él aprendió la verdadera naturaleza del bankai de Hinomaru. Logró invocar formas de varias zanpakutō, incluso de capitanes de los 13 escuadrones y otras consideradas leyendas de la Sociedad de Almas.
Pero había algo que no estaba bien. Y todos lo notaban.
Sus amigas se lo habían dicho más de una vez:
—Si Manzachiri tiene shikai, debe tener bankai. —La Maga lo decía con calma, pero con fuerza—. Si ya puedes usarlo... ¿por qué no vas más allá?
Pero él desviaba la mirada.
Manzachiri se materializaba en su mundo interior, oscuro y denso como brea. Su voz pesada y casi burlona:
Mi bankai es el más poderoso de todos. Superaría incluso a esas "grandes leyendas" que tanto veneras. Pero no lo usas... porque tienes miedo.
Sí, pensaba. Era miedo.
Pero no a morir.
Miedo a perderse. A dejar de proteger.
A destruir a quienes amaba.
Porque para él, sus amigas y su escuadrón eran más que camaradas. Eran su familia.
En cada misión, cuando todo se salía de control, no gritaba el nombre de Hinomaru.
Gritaba el de Manzachiri.
Con el tiempo, entendió por qué: Hinomaru lo convertía en un bastión, un muro inquebrantable.
Pero Manzachiri... era destrucción pura, velocidad asesina, al nivel del bankai de la capitana Abbys.
Pero esa misión fue distinta.
Un escuadrón pequeño.
Demasiados caídos.
Sangre shinigami marcaba el suelo del mundo humano.
Sus amigas estaban rodeadas.
Y todos sabían que no habría refuerzos.
Fue entonces cuando ellas se miraron y entendió.
Abbys clavó su mirada feroz en el enemigo.
—...BANKAI.
En un estallido de reiryoku, placas negras como obsidiana recubrieron su cuerpo, formándole una armadura ajustada con garras afiladas. De su espalda surgieron espinas que se alargaron formando una cola flexible. Su cabello se erizó como si tuviera orejas felinas, y su reatsu rugió como una bestia.
A un costado, la Maga respiró hondo. Su voz fue fría y grave:
—BANKAI.
Su uniforme se volvió blanco como la cal. Su cabello y piel se volvieron tan pálidos como la nieve, pero sin frío. De su espalda se balanceaba un péndulo gigantesco que giraba lentamente, emitiendo un sonido metálico como campanadas. Su mirada se endureció.
En ese momento Abbys gritó:
—¡Todos los shinigami de bajo rango, retírense—ya! ¡Vuelvan al Senkaimon! ¡Los demás lucharemos hasta el final!
Hubo un si al unísono.
Él tragó saliva.
Su respiración se aceleró. Aunque ya poseia un bankai, no era catalogado como un shinigami de alto rango.
Un chico de su escuadrón le agarró el brazo con desesperación.
—¡Es una orden! ¡Embaina eso y vámonos!
Él lo miró con ojos apagados.
—...No. Esta vez, yo las voy a proteger...
El chico se quedó helado.
Fue entonces cuando escuchó esa voz pesada en su mente.
Yo te prestaré todo mi poder. Verás que no serán rivales para nosotros...
Su reiryoku se agitó como un huracán.
El aire se volvió denso.
Su mirada se endureció.
—...BANKAI.
Una explosión de brea negra cubrió su cuerpo.
Su shikai se retorció y cambió.
Un casco negro se formó, cubriendo su cabeza hasta sus ojos, con un cuerno afilado en la frente. Su lado derecho se reforzó con una hombrera enorme y maciza. Al lado izquierdo placas óseas negras cubrían el costado, como protegiendo donde normalmente estaría Hinomaru... pero Hinomaru se veía sellado en su espalda con filamentos duros y retorcidos como huesos.
Muñequeras gruesas se formaron en sus brazos, de las cuales emergían tentáculos negros como brea viva, retorciéndose, ansiosos.
Su reatsu era tan denso que deformaba el aire.
Abbys giró con horror.
—¡¿QUÉ MIERDA HAS HECHO?!
Antes de que pudiera moverse más, un hollow gigante la atacó. La golpeó de lleno, haciéndola retroceder.
La Maga levantó las manos, invocando kido de alto nivel ya preparado, con los ojos como platos.
Él rugió desde el casco.
Su cuerno se iluminó con un brillo pálido.
Todo su reatsu se reunió en la punta de su cuerno, y solo dijo:
—...Cero Blanco.
Un haz de energía pura salió disparado con un chillido ensordecedor, arrasando hollows, cortando el suelo como mantequilla, haciendo temblar el aire.
El terreno quedó carbonizado.
El silencio fue absoluto.
Luego... oscuridad.
Despertó días después.
Vendado. Adolorido.
Ambas zanpakutō estaban ahí.
Manzachiri apoyado contra la pared, en su superficie se podrían ver las inscripciones antiguas.
Hinomaru descansando a su lado, con calma.
Se incorporó con dificultad.
Bajó la mirada.
Sabía que había salvado vidas.
Pero también sabía lo que había liberado.
Ese poder no era gratis.
Y esa vez, no tuvo otra opción.
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