viernes, 8 de agosto de 2025

Capítulo 13: El Precio del Deseo

 Luego de aquella revelación, él sabía que tenía que probarlo.

Apretó con fuerza la empuñadura doble, que ardía con la forma de Felina, y miró hacia un árbol enorme al borde del claro.

—¡Vamos! —gritó, lanzándose con un tajo veloz.

El impacto fue brutal. El árbol se partió en decenas de trozos ardientes, cayendo como lluvia de brasas sobre el suelo.

Apenas tuvo tiempo de respirar, cuando la energía desapareció. La hoja y la saya se retorcieron, volviendo a su forma original de shikai.

El primer sol detrás de él se apagó, su luz se contrajo hasta formar un orbe pequeño y cálido que flotaba a su lado, girando suavemente.

Él lo miró con sorpresa, casi con una sonrisa amarga.

—Creo que ya empiezo a entender…

Alzó su espada, y con un destello de arrogancia divertida gritó:

—¡Deseo que seas Senbonzakura!

Pero no pasó nada.

Parpadeó confundido. Y en un parpadeo más, ya no estaba en el claro.

Su mundo interior había cambiado. Nada de soles ni desiertos infinitos. Solo un extenso campo de bambú, el viento silbando entre los tallos. Al fondo, un templo. Una casa idéntica a la de su maestro.

Frente a la puerta estaba un hombre alto, con armadura brillante como el sol mismo. El resplandor no quemaba, pero tampoco dejaba dudas de su poder.

—¿Quién eres? —preguntó él, empuñando su bokken por instinto.

El hombre sonrió con calma.

—No me sorprende tu pregunta. Soy Hinomaru. Tu zanpakutō. En mi forma de Bankai.

El hombre se giró y señaló el interior del templo.

—Ven. Toma té conmigo. Es hora de hablar.

Él tragó saliva, inseguro, pero avanzó. Se sentó frente al espíritu, el té humeante entre ambos.

—Tu Bankai no es como otros —explicó Hinomaru con voz firme pero serena—. Cada zanpakutō tiene formas distintas, Shikai y Bankai, pero también tiene propósitos. El mío se forjó para cumplir deseos.

—¿Deseos?

—Sí. Pero no caprichos. —El espíritu lo miró fijo, como si pudiera ver su alma—. Cada sol detrás de ti es un deseo. Un deseo que puedes invocar. Pero no cualquiera. Son deseos del pasado. Llamarás a zanpakutō con las que peleaste alguna vez.

Él abrió mucho los ojos.

—¿Puedo invocarlas… todas?

—No. —Hinomaru negó con calma—. Solo podrás invocar a aquellas que te permitan hacerlo. No por derrotarlas o mostrar poder. Sino porque sus portadores y las propias zanpakutō consideren que tu corazón es digno de ser escuchado.

El silencio llenó el templo.

—Gánate esos deseos —continuó Hinomaru—. Como tú ya te ganaste los míos.

Él bajó la cabeza. Entendía. Alzó la vista y asintió.

Y despertó.

Estaba de nuevo en el claro, de rodillas. A su lado, el orbe del primer sol giraba como un farol pequeño.

Abbys y la Maga se acercaron de inmediato.

—¿Y? —preguntó Abbys, intentando sonar relajada pero con los ojos brillantes de curiosidad—. ¿Qué te dijo?

Él respiró hondo.

—Ya sé cómo funciona mi Bankai.

Se puso de pie con solemnidad. Frente a Abbys, bajó la cabeza y se inclinó.

—Gracias, Felina… por haber creído que tengo un corazón puro y digno. Que escuchaste mi deseo.

Abbys se quedó muda. Su mirada endurecida se suavizó, pero alzó la barbilla, orgullosa.

La Maga bajó la vista, conmovida.

—Entonces no es solo moldear deseos —dijo con asombro genuino—. Es cumplir aquellos que nacen del corazón. Del deseo sincero de proteger.

Él asintió, sintiendo el calor del orbe flotando a su lado.

Ya no era solo su poder. Era la prueba viva de sus lazos.

Y con ello, entendió que el verdadero peligro no era la espada…

Sino qué tan puro podría mantener su propio corazón.

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