El entrenamiento había terminado, pero la tensión seguía en el aire.
Abbys se recostaba sobre una roca, secándose el sudor con un trapo. La Maga estaba cerca, brazos cruzados, evaluándolo en silencio.
—Oye… —rompió el silencio Abbys—. ¿Por qué no usas tu Bankai?
Él levantó la vista, sorprendido.
—Sé que ya puedes activarlo —insistió Abbys—. Pero… ¿por qué no?
Él bajó la mirada.
—No sé cómo funciona.
La Maga arqueó una ceja.
—Un Bankai es un Bankai… —dijo pensativa—. Puede hacerte más fuerte, más rápido… o más violento… o…
—¡Sí, ya entendimos! —interrumpió Abbys con una risa breve—. Gracias, cerebrito.
Él suspiró y se puso de pie. Su mano se apoyó en el bokken oscuro en su costado izquierdo.
—Guía mi destino… Hinomaru.
El fuego encendió la hoja mientras salía de la vieja funda de madera. Su aura cálida iluminó el lugar. Dio un paso al frente y levantó la zanpakutō hacia sus amigas.
—Bankai.
El destello fue brutal. Ambas alzaron los brazos para cubrirse los ojos.
Cuando la luz se disipó, lo vieron allí, firme, con tres soles girando lentamente detrás de él. Pero la hoja y la saya parecían idénticas a su shikai.
—¿Eso es todo? —preguntó Abbys con un tono incrédulo.
Él suspiró.
—Sí… Este es mi Bankai. No sé qué más hace.
La Maga lo miraba con detenimiento.
—Tōshirō… —murmuró—. Su Bankai tiene flores de hielo detrás de él. Son un contador. Quizá sea algo similar.
Él negó con la cabeza.
—Ya lo intenté. Muchas veces. Terminé exhausto. Hinomaru volvió a su forma sellada, pero los soles nunca desaparecen.
Hizo una mueca frustrada.
—Creo que es un Bankai inútil. Me siento más útil usando solo el Shikai.
—¿Y no le preguntaste cómo se usa? —insistió Abbys, cruzada de brazos.
—¿Que si le pregunté a quién?
—¡A Hinomaru, cabeza hueca!
—Claro que le pregunté —respondió con un suspiro pesado—. Le dije: “¿Cómo funciona tu Bankai?”. Y me contestó: “Así como tú me guiaste, ahora yo guiaré tus deseos”.
Hizo un gesto de rendición.
—Ya no sé ni qué hacer… Desearía que fuera como Felina, que…
Pero no terminó la frase.
El primer sol brilló con intensidad. Una llamarada descendió en un haz de fuego que impactó la hoja y la saya al mismo tiempo.
Ambas se retorcieron como si tuvieran vida propia. La madera ennegrecida y el acero incandescente se moldearon hasta transformarse en algo nuevo.
Frente a sus amigas, la espada y la saya se fusionaron en un arma doble idéntica a Felina: dos garras filosas conectadas por un mango central, envueltas en un resplandor solar ardiente.
El silencio fue total.
Abbys abrió mucho los ojos.
—Eso… es Felina…
Él bajó la vista, respirando agitado. Veía su arma, pero sentía que ya no era del todo suya.
La Maga se acercó, fascinada.
—Nunca había visto algo así… —dijo con voz queda, pero asombrada—. Es un Bankai que moldea la forma real de tus deseos… los hace realidad. Y esa energía… es como si el mismo sol la habitara.
Él tragó saliva, temblando apenas.
Y por primera vez, comprendieron que el poder de su Bankai no tenía límites definidos.
Era tan peligroso… como sus propios deseos.
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