El rugido de los HollowVacío sacudió el desierto. Sus cuerpos serpenteaban entre la arena como gusanos interminables, emergiendo y devorando a todo lo que se movía. El reishi en el aire era pesado, corrupto, imposible de clasificar.
—¡Liberen sus zanpakutō! —bramó el Capitán del 11º escuadrón, desenvainando a Hinomaru en un destello abrasador.
Uno a uno, respondieron al llamado:
Ichigo, con ambas manos, empuñó su Zangetsu cruzándolas frente a sí.
Renji desplegó a Zabimaru como un látigo sangriento.
Rukia hizo florecer a Sode no Shirayuki, levantando columnas de hielo que partían la arena.
Uryū materializó su arco, sus flechas iluminando la oscuridad.
Ichika y Kazui, aunque nerviosos, liberaron sus shikai, decididos a no quedarse atrás.
A su lado, Chad avanzó al frente. El Brazo Derecho del Gigante emergió sólido como hierro, mientras en el izquierdo se encendió el Brazo Izquierdo del Diablo, envuelto en energía abrasadora. Se plantó junto al Capitán del 11º como un muro inquebrantable.
Chad miró al capitán con seriedad.
—Tu segunda espada… ¿por qué la cargas a la espalda? Siento un reatsu muy distinto en ella.
El capitán giró apenas la cabeza, con una sonrisa feroz.
—Esa… es de último recurso.
Chad asintió, comprendiendo, y apretó los puños.
Mientras tanto, en la retaguardia, Orihime desplegaba sus escudos, restaurando miembros mutilados y cerrando heridas imposibles. Su voz temblaba, pero su poder se mantenía firme. A su lado, La Maga y los miembros del 4º escuadrón realizaban un milagro tras otro, arrancando a sus compañeros de las garras de la muerte.
Nell, con fuerza bruta y reishi salvaje, repelía a los HollowVacío que intentaban atravesar las líneas.
El caos era total. Cada vez que un HollowVacío caía, otro surgía de la arena.
—¡Esto es como pelear contra una maldita hidra! —gritó Kazui, jadeando, al cortar por enésima vez a uno de los gusanos.
—¿Qué hidra ni qué nada? —bufó Ichika, fulminándolo con la mirada—. Y luego de esto… vamos a tener una conversación los dos.
Kazui tragó saliva y se quedó callado, esquivando un zarpazo.
Fue Uryū quien respondió, sus ojos fríos calculando cada movimiento.
—A lo que se refiere es que en la mitología griega era una bestia a la que, si le cortabas una cabeza, le salían dos. Pero esto es distinto… —Disparó una flecha y luego frunció el ceño—. Estas cosas no duplican, no se multiplican. Son las mismas… como clones.
Uryū saltó a través de una plataforma de reishi, ganando altura. Desde lo alto, sus ojos se abrieron con alarma.
—¡No es una hidra… es más bien un hongo! ¡Están formando un círculo! ¡Y nosotros estamos en el centro!
El grito retumbó como un disparo.
De la arena emergió una estructura abominable: raíces oscuras que se entrelazaban como venas gigantes, todas conectadas a una máscara central con un orificio en medio. De allí fluía el reishi, unificando a todas las criaturas.
El grupo apenas alcanzó a escapar del círculo cuando la figura completa emergió. Era un monstruo colosal, un enjambre hecho carne, la encarnación del Hueco Mundo retorcido.
Sin dudar, Abyss dio un paso al frente.
—¡Yo me encargo!
Su shikai cortó en silencio, preciso, hiriendo directamente la estructura central. Un alarido gutural sacudió todo el desierto. El HollowVacío comenzó a desmoronarse, deshaciéndose en arena, disolviéndose en la nada como si jamás hubiera existido.
El silencio tras la batalla fue tan pesado como el rugido anterior.
Rukia se acercó a Nell, aún con la respiración agitada.
—Cuando apareció… lo llamaste HollowVacío. ¿Qué significa eso?
Nell la miró con seriedad, muy diferente a su tono habitual.
—Porque eso era. No era un hollow. No del todo. Hay leyendas… de criaturas que dejan de ser hollows, que pierden incluso lo que los hace hollows. Como un Plus que pierde el corazón y se convierte en hollow. Pero estos… estos son hollows que ya no son hollows. Vacíos de todo.
Se quedó en silencio un instante antes de añadir:
—Aizen escuchó hablar de ellos una vez. Se sorprendió… y envió a Arrancars para buscarlos. Pero nunca encontraron nada. Hasta ahora.
La arena volvió a crujir bajo sus pies. Nadie respiraba tranquilo.
El Hueco Mundo no estaba muerto. Estaba despertando.
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