viernes, 18 de julio de 2025

Capítulo 4: El eco del dragón

Años pasaron. Como el viento que erosiona lentamente la piedra, todo cambió sin que apenas se notara.

Abyss ya no era solo una sombra veloz ni la niña con mirada firme que decía querer ser como Soi Fong. Se había convertido en la teniente del Segundo Escuadrón, luego del retiro voluntario de Marechiyo Ōmaeda. Muchos, incluso dentro del propio escuadrón, lo llamaron cobarde por dejar su cargo... pero Soi Fong, en privado, dijo una vez algo que solo Abyss escuchó:

—Un verdadero hombre no teme al enemigo, sino a perder lo que ama. Marechiyo fue más valiente que muchos de mis asesinos silenciosos.

Abyss había ganado ese puesto no solo por su destreza, sino por su capacidad de tomar decisiones sin perder el corazón. Había madurado con la fuerza silenciosa de quienes nunca dejaron de mirar hacia adelante.

“La Bruja”, como aún la llamaban en los pasillos, ya era una leyenda silenciosa dentro del Cuarto Escuadrón. Su dominio del kidō sanador superaba incluso al de la mismísima capitana Isane, y algunos decían —con tono de advertencia más que de alabanza— que su poder iba más allá de la curación.

Se hablaba de técnicas prohibidas. De que su energía espiritual podía reconstruir carne… o desintegrarla. Su presencia era calma, distante. No hablaba mucho, pero cuando lo hacía, su voz parecía traer un silencio antiguo que no pertenecía a este mundo.

Hasta Kiyone, teniente y hermana de Isane, evitaba encontrarse con su mirada demasiado seguido. Algunos juraban que, cuando la "Bruja" pasaba por la sala de recuperación, incluso los moribundos se enderezaban en la camilla… no por respeto, sino por miedo.

Él, en cambio, no se convirtió en prodigio, ni en teniente, ni en leyenda.

Era un miembro del Primer Escuadrón. Callado. Cumplidor. Honesto. Se le asignaban tareas administrativas, organización de pergaminos, entrenamientos de iniciados. No se le enviaba a muchas misiones. Y él no se quejaba.

Solo tenía su bokken. Viejo, gastado… y lo único que pudo rescatar del incendio tras la muerte de su sensei.

Cuando recibió su asauchi, como todo aprendiz, no logró sincronizar con ella. No importaba cuánto la sostuviera, cuánto meditara… no sentía conexión alguna.

—No puedo blandirla —dijo una vez al Capitán Comandante.

Y tras un silencio largo, el solo asintió, sin juicio en su ojo. Él devolvió su asauchi y nunca volvió a solicitar otra.

—Prefiero mi bokken —decía con una tímida sonrisa—. Este sí me escucha.

Un día, mientras limpiaba una antigua bodega del escuadrón —llena de armas oxidadas, bokken astillados y zanpakutō abandonadas por shinigami caídos— se detuvo frente a una sección cubierta de polvo. Empezó a limpiar. Iba colocando cada arma cuidadosamente, como si fuesen reliquias de templos olvidados.

Entre todas, uno llamó su atención.

Era un bokken, casi idéntico al suyo… pero había una diferencia.

        Tenía un dragón tallado en la hoja de madera.

Se acercó, curioso. Lo tomó con ambas manos y, en ese instante, todo cambió.

Sintió como si su alma fuera arrancada de su cuerpo, como si cayera en un abismo silencioso. Cuando abrió los ojos, estaba de pie en un mundo vacío. Solo un cielo sin nubes. Tres soles colgaban del horizonte, fijos como testigos antiguos.

Y entonces escuchó una voz.

No era una voz de afuera, sino de adentro. De más adentro que su propio pensamiento.

“Guía mi destino… y yo guiaré el tuyo.”

Al oír esas palabras, una oleada de calor lo envolvió. Luego, nada.

Despertó de golpe, de rodillas. El bokken… había desaparecido. No estaba en sus manos ni en el suelo.

Miró a su alrededor confundido, jadeando. Y entonces vio al Capitán Comandante, de pie en la puerta de la bodega, observándolo en silencio.

El viejo se cruzó de brazos.

—Ese bokken… ha estado ahí desde la era de Yamamoto. Nunca eligió a nadie. Nunca respondió a un alma.

Hizo una pausa, y su mirada se tornó más intensa.

—Quién diría que tú serías el portador del espíritu. Interesante...

Pero lo que el chico no sabía —lo que nadie supo esa noche— es que cuando regresó a su habitación, el bokken viejo que había guardado como recuerdo de su sensei… había cambiado.

Su madera ahora estaba más oscura.

Y en su hoja, como tallado desde siempre, dormía un dragón…
…el mismo dragón.


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